Chipre es un cochino empinado
Europa ya no puede ser la guardiana de un orden mundial en un mundo en el que ese orden ha desaparecido”. Esta reflexión en voz alta de Úrsula von der Leyen echa por tierra ese liderazgo global del que alardean los palmeros de Sánchez. Europa no le sigue ciegamente, tal y como se dice, y reconoce que ese orden internacional que se ha vulnerado con el ataque de Trump a Irán ya no existe. Lo que viene a decir Von der Leyen es que estamos haciendo el canelo si nos empeñamos en respetar aquellas leyes que todos se saltan. Los valores que hemos defendido hasta ahora, contenidos en la agenda 20/30, están siendo revisados, entre otras cosas porque hemos perdido la autoridad moral para defenderlos. El mundo está cambiando y no es el tiempo de los quijotes ni de los toreros. Esto explica el crecimiento de los radicalismo de extrema derecha. En Europa lo resuelven con pactos entre progresistas y conservadoras, pero en España sso no tiene cabida porque es más efectiva la polarización. Por eso estamos en una guerra donde decimos que no estamos y movilizamos a la gente para decir No y la gente no se moviliza. La manifestación del 8 M fue convocada en parte para esto y sólo fueron 35.000 personas. Los ejércitos de las militancias se pelean en las redes sociales, pero las calles permanecen vacías, sólo con unos pocos entrando al trapo de las provocaciones de Vito Quiles, que se ha convertido en el gran animador de la fiesta, mientras la agredida Sara Santaolalla se transforma en la nueva Juana de Arco de la izquierda. Esto es lo que hay mientras la noticia es que la fragata Cristóbal Colón, después de pasar por Chipre se irá al estrecho de Ormuz, donde está el cogollo de la guerra a la que no iremos, escoltando al portaaviones Charles de Gaulle. Para más inri, parece que Trump anuncia que va a parar las agresiones y esto nos coge a todos con el pie cambiado, sobre todo a los estrategas que estaban haciendo sus cálculos electorales con el asunto. O sea que lo de Chipre solo es de pasada. En Chipre estuvo como obispo el resucitado Lázaro, de Betania. En Larnaca. Cerca de mi casa, señor José el esperancero creía que Chipre era una persona y cuando los conflictos en aquella isla, por los años 50, decía: “Fuerte cochino empinado está el jodido Chipre ese.” Y no le faltaba razón. Yo era un niño entonces. Iba al colegio de Nava, donde me daban matrículas y regaliz, y pensaba que estaba aprendiendo cosas del mundo que me servirían para más adelante. Ahora que ya estoy viejo veo que todo me lo tengo aprendido de antes y coincido con señor José en que el tal Chipre era un fuerte cochino empinado, que debe ser algo así como un cerdo rampante en un escudo. Señor José se refería a él como bicho encarapitante, cuestión esta que siempre fue un misterio para mí.
