Nuevo orden mundial
18 de marzo 2026 - 03:08
Ha dicho Von der Leyen que el viejo orden mundial ha muerto. No ha descubierto nada nuevo, ya se había hecho patente que es una entelequia, mantenida artificialmente como medio de entendimiento entre países, y control mundial de las grandes superpotencias.
Según la nueva política, la persona debe perder su importancia singular, reducir su libertad individual, y convertirse en servidor de la gran Maquina Central, la cual se convierte en guardián de la verdad, creadora de realidades, nada fuera de ella existirá. Será el nuevo dios. Tras ella una gran corporación organizará las ambiciones de la gran máquina, alimentando su psicología, moldeando los valores necesarios para cada momento, dirigida por las grandes familias de los potentados, más los elegidos por su ambición y pericia, como sangre renovadora de la élite invisible. Aunque al final pudiera derivar en una clase en continua renovación, de acuerdo a la valía aportada, primando la corporación y los ideales que la soportan.
Estamos ante un panorama internacional revuelto, en plena destrucción de las bases ideológicas que regían su equilibrio y relaciones. No es una transición, sino una destrucción hacia el caos y sustitución del modelo actual. Hay diversas vías coincidentes en este proceso de extinción. Todas quieren un futuro globalizado, según la Agenda 2030. Una aboga por la unión de las grandes empresas para gestionar la economía mundial, donde los Estados serán meros gestores de la organización social, dictada por el Gran Consejo de Administración. Cuando hablo de empresas sumo, a las comúnmente entendidas, los órganos dirigentes de los países dominados por los Partidos Comunistas. Divergente con la anterior hay quienes optan por un equilibrio multipolar, buscando un nuevo tratado internacional, que sustituya a la Carta fundacional de las Naciones Unidas. Y en Estados Unidos pelean los que quieren un orden unipolar americano.
Todos coinciden en una futura sociedad constituida por una clase social única, la cual tendrá sus necesidades básicas atendidas, encapsulados los individuos en grandes urbes, con habitáculos compartidos o ínfimos. Es este tipo de sociedad, la persona será un número, considerada como pieza dentro del engranaje del organigrama empresarial. Aún hay quien se opone a esta Agenda, pero se agarran al vacío, creen en una realidad ideológica periclitada, sustentada en las formas, sin proponer la renovación, y revitalización, del Humanismo tradicional europeo.
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