El Algarrobico del Fraile
21 de marzo 2026 - 03:08
Para los que creen que a los viejos no se nos ocurren ya ideas brillantes, esta mañana se nos ha encendido la bombilla. Ha sido gracias a lectura atenta de nuestro querido Diario. El miércoles coincidían dos noticias, que aparentemente no tenían nada que ver, pero que nosotros hemos hilado para enjaretar la propuesta que vamos a exponer. Ambas están relacionadas con inmuebles ubicados en el Parque Natural Cabo de Gata. Son el Cortijo del Fraile y el Hotel El Algarrobico. Uno en ruinas y otro a medio construir. El primero está a la espera de restauración y el otro en vías de demolición. Aunque con distintos tiempos, ambos llevan ya mucho en tales condiciones. Las noticias en cuestión hablaban de un dinero de la Diputación –propietaria del inmueble- para meterle mano de una vez al histórico cortijo de Bodas de Sangre y Puñal de Claveles. Y la otra, de una petición de Greenpeace para que el TSJA tramite la licencia de demolición del hotel, ya que el Ayuntamiento no puede por falta de secretario.
Como llevamos muchos días mirando en el BOE para ver si Carboneras tiene ya secretario, hemos decidido ofrecer una solución para ambos problemas, con la que se matan dos pájaros de un tiro. Dos “pájaros” o más. Y sin cobrar un duro por dar ideas (ni por la columna, si vamos a eso). Se trata de hacer una permuta de ambas propiedades. De esta forma, en el Cortijo del Fraile Azata montaría un hotel con encanto, con cinco estrellas y pico, y muchas habitaciones, ya que la gran cantidad de dependencias anejas al cortijo permiten la recalificación de almacenes de aperos, cuadras, abrevaderos, aljibes, etcétera. Así, la financiación de las obras correría a cargo de Azata y los ciudadanos nos ahorraríamos un pastón (el millón previsto para la obra y la presunta indemnización por el Algarrobico). El nombre de este hotel, obviamente, sería “El Algarrobico del Fraile”.
Para El Algarrobico tenemos una propuesta aun más barata. Se trataría de calificarlo como arqueología medioambiental y promocionarlo para visitas turísticas, escolares, estudiantes de Arquitectura y de Ciencias Medioambientales, técnicos en resiliencia de materiales, abogados expertos en torear a los tribunales de todas las jurisdicciones y curiosos en general. La inversión para calificarlo como BIC es mínima: una placa y mano de obra de colocarla. Y, sobre todo, no hace falta que esté cubierto el puesto de secretario del ayuntamiento de Carboneras.
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