Cambian de principios como si se cambiaran calcetines
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Un principio que cambia según la temperatura de la crítica ya dejó de ser principio.
Eso es lo primero que hay que decir con todas sus letras, sin el eufemismo de llamarlo "evolución del pensamiento" o "aprendizaje en el cargo".
Un principio que se ajusta en tiempo real a la presión del entorno no es principio, es táctica de supervivencia disfrazada de convicción, y la diferencia entre una cosa y otra no es sutil, es la diferencia entre gobernar con ancla y gobernar a la deriva.
El político que hoy jura algo y mañana lo desmiente no está siendo flexible, está revelando que aquello nunca fue una convicción sino una posición útil para ese momento del juego, buena solo mientras durara el clima que la hizo conveniente.
Hoy más que nunca estamos en deuda con nuestras propias palabras.
No es solo una frase, es diagnóstico de cómo esta la época:
La tecnología no inventó la incongruencia, los políticos llevan siglos contradiciéndose, lo que hizo fue volverla inarchivable y por tanto inocultable.
Antes una declaración se disolvía en el ruido de fondo de la hemeroteca y ahí quedaba, muerta, sin nadie que fuera a desenterrarla veinte años después.
Hoy cada palabra queda con fecha, con rostro, con voz, indexada y recuperable en segundos por cualquiera con un teléfono.
Esa es la novedad real, no que los políticos mientan más, sino que ya no pueden confiar en que se olvide lo que dijeron.
Ahí está el caso que lo ilustra sin necesidad de adornarlo:
El video de Claudia Sheinbaum hablando, mucho antes de que Morena fuera partido en el poder, sobre lo hitleriano que le parecía elaborar listas de opositores y críticos, resurgido justo cuando ella misma quedó señalada por mandar hacer una lista semejante.
No fue una mentira descubierta por un tercero, fue una filmación de ella misma articulando con total........
