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Cada nuevo árbol representa un aporte tangible para el medio ambiente

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26.03.2026

Su masa no proviene del suelo ni del agua, sino del carbono del aire que, mediante la fotosíntesis, se transforma en madera. 

En promedio, un árbol puede capturar entre 20 y 25 kilogramos de CO₂ al año en condiciones urbanas y semiáridas.

Ese mismo árbol puede generar el oxígeno que requieren hasta cuatro personas. Un árbol maduro puede interceptar hasta 15 mil litros de lluvia al año, reduciendo la erosión del suelo y ayudando a prevenir inundaciones. 

Así mismo, un árbol sano de gran tamaño puede liberar hasta 50 mil litros de agua al aire mediante la transpiración, contribuyendo a la regulación del microclima y al ciclo hidrológico.

En términos de biodiversidad, un árbol nativo —como la anacahuita— puede sustentar cientos de especies de polillas y mariposas.

Un encino, por su parte, puede albergar más de 500 especies de orugas —e incluso muchas más en algunos ecosistemas—, que son fundamentales para la alimentación de muchas aves.

Pero uno de los beneficios menos visibles, y más importantes para la salud pública, es su capacidad para mejorar la calidad del aire.

Un árbol urbano puede remover en promedio entre 1 y 2 kilogramos de contaminantes atmosféricos por año.

Dependiendo de su tamaño, especie y ubicación. Estos contaminantes incluyen material particulado (PM₂.₅ y PM₁₀), óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO₂), monóxido de carbono (CO) y ozono (O₃). 

En términos estimados, un árbol puede retirar anualmente entre 0.1 y 0.3 kilogramos de partículas suspendidas, entre 0.05 y 0.1 kilogramos de óxidos de nitrógeno, alrededor de 0.02 a 0.05 kilogramos de dióxido de azufre, y cantidades similares de monóxido de carbono y ozono.

Además, la sombra de un árbol puede reducir hasta en 20 a 25 °C la temperatura superficial de muros y pavimentos, lo que se traduce en una disminución de más del 30% en el consumo de energía para enfriamiento en viviendas.

La presencia de árboles también incrementa el valor de las propiedades y mejora la habitabilidad de los espacios urbanos.

Eso es lo que aporta un árbol.

Ahora multiplíquelo por un millón.

Un millón de árboles en Nuevo León podrían capturar del orden de 20 a 25 mil toneladas de CO₂ cada año y remover entre 1,000 y 2,000 toneladas anuales de contaminantes atmosféricos.

Plantar árboles es invertir en aire limpio, en salud y en calidad de vida. Los beneficios son claros y medibles.

El reto ahora es consolidar este esfuerzo y ampliarlo, para que sus impactos se reflejen en todo Nuevo León.


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