“Que los profesores recibamos amenazas de muerte ya no es excepcional”
El historiador Mark Bray (Nueva York, 1982) nunca se ha considerado un exiliado. Sí, tuvo que salir de Estados Unidos precipitadamente hace un año, acompañado de su pareja e hijos pequeños, después de que Turning Point USA, la organización del recién asesinado Charlie Kirk, le enviara amenazas de muerte y divulgara la dirección de su casa. Y sí, su primer intento de subir a un avión rumbo a Madrid fracasó porque algún poder federal norteamericano canceló la reserva en el último momento. La familia logró salir al día siguiente, aunque no sin antes ser sometida a un interrogatorio poco amable por representantes del Departamento de Seguridad Nacional. Al final, Bray y los suyos pasaron unos nueve meses en España. “Pero ¿exiliado? No me va la etiqueta, aunque solo fuera porque hay mucha gente que lo pasa muchísimo peor”, dice Bray, ya desde Estados Unidos. “A lo más, he sido un exiliadillo”. Ríe.
En 2017, Bray publicó Antifa. El manual antifascista (Capitán Swing), un volumen basado en entrevistas con activistas históricos del mundo entero. En 2023, sacó un libro que explica cómo los intentos por sofocar el anarquismo en Francia y España precipitaron el desarrollo del derecho internacional y del movimiento global en defensa de los derechos humanos. Este enero, saldrá con la editorial Melville House Unpunctuated Death Threats: Notes from a Fascist Present (“Amenazas de muerte sin puntuar. Notas desde un presente fascista”), un relato en clave personal sobre sus experiencias del último año. Se publicará simultáneamente en catalán (Ara Llibres) y en castellano (Now Books).
Bray me atiende por videoconferencia a principios de septiembre, desde un lugar que prefiere no concretar. “Tuvimos que vender la casa”, dice. “Y a estas alturas, es mejor que no se sepa dónde vivo”.
Ha regresado a Estados Unidos, pero su vida claramente no es la misma.
El año pasado no fue la primera vez que me amenazaron de muerte. Ocurrió lo mismo cuando se publicó Antifa, hace casi diez años. Aún trabajaba en la Universidad de Dartmouth, cuyo rector en aquel momento me criticó por decir en público que la autodefensa puede ser una respuesta legítima ante la violencia supremacista o neonazi. Todo aquello fue una controversia que pensé haber dejado atrás. Pasé a otros proyectos; tuve hijos. Asumí que mi vida ya era como la de cualquier otro padre suburbano. Lo que aprendí el año pasado es que no es así. Esa controversia de 2017 nunca va a desaparecer del todo. Es algo que puede rebrotar en cualquier momento. Lo quiera o no, es parte de mi vida. Tiene que ser un factor en todas las decisiones que tome. Entonces, para contestar a tu pregunta: hemos regresado, sí. Pero vivimos con muchas precauciones nuevas. Y aunque he vuelto a las aulas, no paso más tiempo en el campus del absolutamente necesario.
Yo nunca he aceptado la etiqueta de exiliado
Yo nunca he aceptado la etiqueta de exiliado
En el mundo universitario de este país, lo que vivió se ha leído como aviso para navegantes. Ya somos muchos quienes aparecemos en las listas negras de la ultraderecha. ¿Usted mismo ve su experiencia como........
