Inversión extranjera: aún falta voluntad política
Nuestro país enfrenta el colapso simultáneo de las tres fuentes tradicionales de financiamiento: la inversión pública, la deuda externa y el ahorro interno. El Estado no tiene recursos para invertir y la renta gasífera ha declinado al extremo. La deuda externa alcanzó ya el monto más alto de nuestra historia y los costos de servicios anuales son onerosos. Las Reservas Internacionales son mínimas y gran parte del dinero de las pensiones se invirtió en instrumentos de deuda pública para financiar el déficit estatal.
En este complejo escenario, la Inversión Extranjera Directa (IED) se ha convertido en la única fuente capaz de movilizar grandes volúmenes de capital en el corto y mediano plazo sin incrementar el endeudamiento soberano. Paradójicamente, este mecanismo, que se aplica en todo el mundo, en nuestro país fue combatido durante los últimos 20 años por una ideología retrógrada, irresponsabilidad y un discurso engañoso de soberanía.
El problema es que esta ideología se convirtió en norma. En efecto, la Ley de Promoción de Inversiones fue diseñada desde un Estado que dirige, planifica y controla la economía y los sectores estratégicos. Aunque contiene elementos rescatables, la ley no logró disipar el temor a nuevas nacionalizaciones y su aplicación no........
