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Petróleo a 200 y gasolina basura. ¿Qué hacemos?

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29.03.2026

Apocalipsis, debacle, Armagedón. Los grandes periódicos del mundo han agotado ya su diccionario de calamidades para describir un escenario que, hasta hace poco, parecía reservado para novelistas distópicos: el petróleo que podría llegar a los 200 dólares por barril como resultado del conflicto bélico en Medio Oriente, que amenazaba a durar algunas semanas y que ahora se ha convertido en un conflicto difícil de prever cuándo y cómo terminará.

Actualmente el precio del petróleo se cotiza entre 90 y 110 dólares el barril. El WTI algo más bajo y el Brent, más elevado. Ya estos valores han prendido todas las alarmas económicas y políticas en el mundo. 

Para Bolivia, este escenario no es solo incómodo: es existencial, es de vida o muerte. El país importa más del 50% de su gasolina y cerca del 90% de su diésel. Somos, con orgullo involuntario, uno de los campeones mundiales de la vulnerabilidad hidrocarburífera. Y lo peor es que, por talento propio, pasamos de ser una potencia gasífera, a un país completamente dependiente de energía externa.

Este mérito se lo debemos, en buena parte, a dos décadas de una política energética cuya obra cumbre fue matar la inversión, espantar el capital y perder mercados para el gas natural con una eficiencia que habría sido admirable aplicada a cualquier otra cosa.

Pero los adjetivos ya no alcanzan, y aunque la tentación de repartir culpas con vocación carcelaria pueda resultar catártica e incluso electoralmente rentable, no resuelve el problema.

La economía no se estabiliza con indignación, sino con decisiones. Por eso, más que........

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