Diez años después: la Ley de Etiquetado no cambió a las personas, cambió lo que les ofrecíamos
A diez años de la Ley de Etiquetado, la autora de esta columna sostiene que a partir de la evidencia acumulada durante la última década, que la regulación mejoró la oferta de alimentos y las decisiones de consumo, pero advierte que los nuevos desafíos exigen una segunda generación de políticas públicas. Dice que “estos desafíos ya no competen únicamente al sector salud. También involucran las políticas económicas, agrícolas, educativas y de protección social, porque todas ellas influyen en la forma en que producimos, distribuimos y accedemos a los alimentos. También requieren incorporar una perspectiva de género, reconociendo que las responsabilidades de compra, preparación y cuidado de la alimentación continúan recayendo de manera desproporcionada en las mujeres”.
Imagen de portada: Sebastián Brogca / Agencia Uno
En octubre de 2016, Chile se convirtió en el primer país del mundo en introducir sellos negros de advertencia en los alimentos envasados poco saludables. Hasta ese momento, ningún otro país había implementado esta política y menos restringiendo al mismo tiempo, la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a niños y su venta y entrega en colegios y jardines infantiles. Diez años después, cerca de una decena de países han copiado o adaptado el modelo chileno. Pero el principal valor de esa experiencia no radica en haber sido pioneros. Radica en que hoy contamos con suficiente evidencia para responder: ¿qué nos enseñó la Ley de Etiquetado sobre la forma en que las personas toman decisiones alimentarias?
La respuesta obliga a revisar una idea que durante mucho tiempo pareció de sentido común. Cuando Chile empezó a discutir la ley de etiquetado se pensaba que comer saludable dependía, sobre todo, de la voluntad individual. Si una persona desarrollaba obesidad o enfermaba se asumía que era porque no había tomado buenas decisiones. Bastaba con entregar información y educar mejor a la población para que eligiera correctamente.
Hoy sabemos que esa explicación era insuficiente.
Durante las últimas dos décadas, la investigación en salud pública ha demostrado que las decisiones alimentarias no ocurren en el vacío. Se toman en entornos que facilitan o dificultan........
