Pobre Europa…
Pasé los primeros 24 años de mi vida en Bruselas, la capital europea por excelencia. Mi colegio estaba frente al Parque del Cincuentenario, al lado del famoso barrio europeo y años más tarde tuve mi primer empleo en la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en Luxemburgo. Todo aquello había hecho de mí un joven europeo convencido, un firme defensor del proyecto europeo. Comenzaban los años 90 y aquel proyecto multinacional, multicultural y multilingüe me fascinaba.
Treinta y cinco años más tarde, tengo que reconocer, por desgracia, que el declive lento y seguro de nuestra Europa durante las últimas décadas es una realidad que difícilmente podremos contrarrestar. Seamos realistas: vivimos ahora en un continente que ha perdido la batalla a todos los niveles frente a Estados Unidos y China. Nos guste o no, Europa se definiría mejor como un magnífico museo a cielo abierto que como una puntera potencia económica y social.
La falta de energía es, probablemente, la mayor vulnerabilidad europea, porque la economía es una transformación de energía para crear y construir. En nuestro mundo moderno, todo requiere energía, y un continente sin energía es un continente condenado al sufrimiento y a la dependencia. El conflicto en Oriente Próximo ha provocado en 2026 el shock energético más grave de la historia. Con el barril de petróleo Brent disparado y el estrecho de Ormuz convertido en un incierto campo de batalla, el gran perdedor sin ninguna duda........
