La lección de Brasil que muestra la necesidad de gravar a los superricos
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Gravar la riqueza se ha convertido en la palanca para reducir la desigualdad que falta por activar en el siglo XXI. Las transferencias de gasto que redistribuyen la renta se han quedado cortas para estrechar la distancia con el grupo de cabeza. Un caso paradigmático es Brasil, ejemplo de buenas políticas para compatibilizar reducción de la desigualdad y crecimiento, donde la cúspide de los ricos parece inalcanzable.
La búsqueda por reducir la desigualdad ha ido evolucionando a lo largo del último siglo. En un primer momento, los economistas estaban convencidos de que la industrialización y el crecimiento económico traerían de la mano una mejora para todas las clases sociales. Constatado que no era así, los economistas comenzaron a diseñar herramientas que mejoraran la equidad, que han basado en tributación y transferencias sociales. Aunque en algunos países se han logrado ciertas mejoras, sobre todo en la reducción de la pobreza, la parte de arriba se ha ido distanciando en la pirámide de rentas, hasta alcanzar esa famosa proporción del 1% de la población acaparando el 99% de la riqueza (una imagen algo hiperbólica que los datos no sustentan al completo).
El lema del 1% nació poco después de la crisis financiera cuando los costes de salida de la crisis no se distribuyeron de forma equitativa entre las partes, con los trabajadores fuertemente penalizados y los propietarios del capital mucho mejor cubiertos. De ese movimiento nace una corriente que se conoce como de “economistas de tercera ola” que tratan de proponer nuevas herramientas para mitigar la concentración de riqueza en las manos de unos pocos. A esta generación pertenecen Thomas Piketty y Gabriel Zucman y una de sus medidas estrella es el impuesto a los ultrarricos, una demanda que ya plantean movimientos progresistas de todo el mundo.
Los economistas de tercera ola creen que los sistemas de impuestos actuales son en general regresivos, esto es, pasan una mayor factura a los que ingresan menos y dejan holgura a los que ingresan más. Dando un paso más allá a la campaña del 1%, no solo se pretende elevar el impuesto de la renta a las clases más adineradas. También se ha visto la necesidad de morder una porción de la riqueza acumulada en forma de capital, y que muy pocas jurisdicciones en el mundo........
