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El bum de la deuda corporativa huele a crisis

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09.05.2026

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El humo de la guerra oculta muchas otras historias que se están gestando en el mundo. A principios de año, entre intervenciones militares y bombardeos, varias entidades de crédito privado en EEUU y Reino Unido tuvieron problemas. Aunque el impacto parece controlado, algunos aspectos recuerdan a los inicios de la crisis financiera de 2008. ¿Hay razones para preocuparse?

Prestar dinero es un negocio bastante sencillo —se deja y lo devuelven con intereses— y milenario, que se ha ido sofisticando en las últimas décadas.

Hasta mediados del siglo pasado, si una empresa necesitaba un préstamo se lo pedía a un banco (de los de señor con manguitos en la ventanilla). El banco se quedaba el préstamo como un activo (otros me deben dinero), frente al pasivo de los depósitos (la entidad tiene que devolver el dinero a los clientes). Con los depósitos se conseguía el dinero para dar esos préstamos. De forma muy simple, el negocio está en jugar bien con los márgenes entre la remuneración que se da a los depositantes, y los intereses que se cobran a los prestatarios.

La aproximación general hasta el inicio de los ochenta era muy conservadora, la empresa que pedía el préstamo tenía que ser solvente y el banco se guardaba un margen para un posible impago. En escenarios más complejos, el banco podía pedir un colateral o garantía, esto es, un activo que en caso de impago respaldara el valor de la deuda. Como las casas en las hipotecas o una fábrica en el caso de una empresa.

Pero las empresas multinacionales fueron alcanzando unos tamaños descomunales que ya no permitían que un solo banco pudiera prestar todo el dinero que necesitaban (y quedarse en su balance con el riesgo). Esto llevó a comenzar a sindicar los préstamos. Una línea de crédito se trocea entre varios bancos, en ocasiones hasta 20 o 30 entidades. Como los préstamos son a diez o veinte años, a las entidades no les viene bien tener tanto tiempo durmiendo estas deudas en el balance, así que idearon un sistema para hacer sitio y seguir generando negocio fresco al tener capacidad de dar nuevos créditos.

Los trozos de deuda se empezaron a ceder a terceros que los gestionan y le quitan ese riesgo a los bancos. Para hacerlo, se diseñaron sociedades que son vehículos instrumentales con el único objetivo de quedarse con estos préstamos para liberar a los bancos. Para que la transmisión tenga sentido (y no sea un esquema piramidal), estas sociedades tienen que pagar a los bancos el equivalente al monto del préstamo. Una compra real. Y lo hacen captando dinero de terceros, (un fondo de pensiones, un millonario), al que le prometen que le devolverán su inversión más los intereses de los diferentes créditos que se van juntando en la sociedad. A estos inversores les venden títulos, esto es, papeles que reconocen un derecho ligado a este trocito de deuda que compran. Poco a poco cualquier dólar en el mercado se ha hecho susceptible de convertirse en un papelito, o título de deuda.

Estas sociedades que procesan la deuda ya no son bancos. Son otra cosa. En la actualidad, muchas cosas. Tan diversas que se han englobado bajo el tenebroso nombre de “banca en la sombra” y que pese gestionan alrededor de 76 billones de dólares (trillones americanos según S&P), no tienen la regulación ni el control que se les impone a los bancos. Su actividad es sin red, no tienen prestamista de última instancia. Si tienen problemas, no hay obligación de los bancos centrales por rescatarlos.

No todos los títulos que emite un mismo fondo valen igual. Si el objetivo primordial es recuperar la inversión completa sin riesgo, el trozo que se compra tendrá poca rentabilidad. Si se acepta ser el último en la cola para cobrar, puedes no recuperar el dinero o hacerte rico.

El apetito por el riesgo no era algo tan habitual hasta la década de los ochenta pero un banquero, Michael Milken, decidió que algunas empresas en apuros, a las que se conocía como ángeles caídos, también podían tener una oportunidad. Milken inventó un mercado paralelo al de la deuda buena, con un tipo de bonos que recibieron el nombre de basura con un alto retorno (o fracaso).

Milken creó una necesidad que muchos inversores no sabían que tenían. La de ser temerarios para ganar mucho dinero y moldeó el Wall Street que pasó a la historia en la película de Oliver........

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