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Siempre Robles

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06.03.2026

Las inoportunidades se pueden disculpar en el caso de los políticos con poca experiencia; cuando se trata de gente experimentada y, sobre todo, cuando el ... conflicto surge en más de una ocasión, entonces ya no es mala pata, sino otra cosa muy diferente. Es lo primero que me vino a la cabeza al conocer esta semana que la ministra que se reunió con el embajador de Estados Unidos horas después de que Pedro Sánchez fijase muy alto y muy clara la posición del Gobierno en relación con el ataque contra Irán fue la titular de Defensa, Margarita Robles.

Recordemos la sucesión de hechos: comparece Sánchez a primera hora de la mañana en Moncloa; resucita el «no a la guerra» en sus palabras; lo hace sin una mención expresa a Estados Unidos y menos aún a la andanada dialéctica del presidente Donald Trump, que la víspera había amenazado con un embargo comercial; ese mismo día, a la ministra Robles no se le ocurre otra cosa que reunirse con el embajador de Estados Unidos en España, como si ella fuese la encargada de los asuntos diplomáticos de España; a partir de lo que dijo, o de cómo se interpretó lo que dijo, la portavoz de la Casa Blanca señaló en rueda de prensa que España había cambiado de posición y apoyaba la intervención militar contra Irán; y el ministro Albares tuvo que salir a la palestra a desmentir a Washington.

Con ese relato de hechos, lo del vídeo con unas palabras de Robles en esa reunión en las que, según el Gobierno, ella dice que está cómoda con la temperatura ambiente en la sala del encuentro y, según el PP, ella estaba a gusto con Trump, es algo absolutamente menor. Una anécdota para entretenernos si nos sobra el tiempo... Lo trascendental es que Robles eligió el peor día -y con una puesta en escena inapropiada para el momento y para sus funciones- al sentarse con el embajador de EE UU. Para rematar el desaguisado en la gestión política, vino lo que ya sabemos: el envío de una fragata a Chipre, con lo que ya se entregan más argumentos al PP para hablar de la hipocresía del Gobierno y a Podemos y otros partidos a la izquierda del PSOE para no tomarse en serio a Sánchez.

La titular de Defensa lleva demasiado tiempo siendo feliz con eso de llevar la contraria o remar en dirección contraria a quien la puso en el cargo. Y cuesta entender cómo Sánchez es capaz de plantar cara al inquilino de la Casa Blanca y no de relevar a una ministra que claramente va por libre. Salvo, claro está, que efectivamente todo sea un trampantojo y el «no a la guerra» sea en realidad un 'no pero sí'.

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