Como en la Cuba del XIX
De casi todo lo malo podemos encontrar un precedente. Incluso de los estomagantes días que vivimos en la actualidad. Este martes, leyendo las crónicas de ... la declaración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posición del Gobierno de Pedro Sánchez y la negativa española al uso de las bases americanas en suelo peninsular para la ofensiva contra Irán, vinieron a la memoria los hechos que tuvieron lugar a finales del siglo XIX y que marcaron en gran medida el primer tramo del XX.
El 20 de abril de 1898, María Cristina, por entonces reina de España, se dirigió a las Cortes para pedir la declaración de la guerra a los Estados Unidos; solo tres días después, España entró formalmente en contienda bélica con EE UU. La excusa fue el control de Cuba y ya sabemos cómo terminó aquel episodio: España perdió la que era una de sus últimas colonias, Cuba se independizó, Estados Unidos se convirtió en tutor de la isla caribeña y, ¡oh casualidad!, ahora parece que Cuba va camino de lo mismo.
Donald Trump dijo en la Casa Blanca que había ordenado romper relaciones comerciales con España. Conociendo cómo se las gasta, todo es posible, pero viendo también la errática política comercial desplegada, con aranceles de ida y vuelta y un varapalo del Tribunal Supremo, tampoco descartemos que mañana el peculiar inquilino de la Casa Blanca se enfade con otro país y se olvide de España.
En todo caso, me incluyo entre los que piensan que en este asunto Pedro Sánchez está convencido de que erigirse en blanco de las críticas de Trump le beneficia. En un país instalado en una dinámica electoral casi continua, con elecciones en Castilla y León en apenas diez días y con el partido que gobierna herido tras las derrotas en Extremadura y Aragón, en Ferraz y en Moncloa creen necesario buscar una bandera que levantar para recuperar voto en la izquierda. Votos que fueron socialistas y votos que fueron o todavía son de Sumar y de Podemos, incluso a sabiendas de que el riesgo es dejar por el camino a otro segmento del electorado más moderado que podría identificarse con el PSOE de Felipe González -precisamente el que, en un ejercicio de birlibirloque, metió a España en la OTAN-.
En la Cuba de finales del siglo XIX, un hecho deliberadamente distorsionado por la prensa sensacionalista de EE UU precipitó la guerra desigual que perdió España. Ahora vivimos tiempos donde lo que escasea es la verdad, de manera que el uso de las bases en sueño español es una excusa por las dos partes: a Trump le encanta presumir de enemigos y a Sánchez, que aquel lo señale. Tan distantes pero tan parecidos.
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