Dania
Vengo de Las Palmas, de conocer a gente muy interesante y de ver a amigos de muchos años. Y en el avión he venido pensando en esta forma particular de cansancio que se produce cuando, después de casi cuatro décadas trabajando en cultura, en radio, en espacios donde se habla de ella, sigues sabiendo que no estás en el lugar donde se reparte lo importante. No es una queja superficial; no tiene que ver con la vanidad eso de saber que has sostenido una parte del todo sin nunca representarlo. Es un desajuste interior que no se resuelve con un premio, ni con una reseña, por maravillosa que sea —y lo están siendo—, y, desde luego, no con una trayectoria que trata de ser impecable. Porque lo que está en juego no es solo el mérito, sino el sitio. Y el sitio, cuando se vuelve esquivo, acaba pesando más que cualquier elogio.
En mi caso no hablamos de alguien al margen por falta de recorrido, o que haya permanecido fuera de los circuitos por desinterés o por aislamiento. Al contrario, una trayectoria larga, sostenida en la cultura pública, en espacios de RNE, TVE y Radio 3, con una obra poética añadida, trabajo, constancia y un oficio........
