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La IA, los tulipanes, los trenes y el dólar que no para de dar vueltas

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21.08.2026

La economía de la inteligencia artificial empieza a parecer una de esas historias en las que, cuando por fin entiendes quién paga a quién, necesitas volver al principio porque el dinero ya ha regresado al punto de partida. Hay inversiones cruzadas, contratos gigantescos de computación, fabricantes de chips financiando infraestructura y empresas tecnológicas que, de una manera u otra, terminan comprándose servicios unas a otras. A primera vista parece magia. A segunda vista parece contabilidad. Y a la tercera empieza a recordar a varios episodios históricos bastante conocidos: la fiebre de los tulipanes, el auge de los ferrocarriles y las grandes compañías comerciales que aprendieron a reunir cantidades enormes de capital para proyectos que una sola persona jamás habría podido financiar.

Pensemos en un ejemplo simplificado. Una gran empresa tecnológica invierte miles de millones en una compañía de inteligencia artificial. La compañía de IA recibe el dinero y lo utiliza, entre otras cosas, para pagar servidores, centros de datos y capacidad de computación. ¿A quién compra parte de esa capacidad? A la misma empresa tecnológica que acaba de invertir en ella. El diálogo imaginario sería algo así: “Aquí tienes varios miles de millones para crecer”. “Muchas gracias”. “¿Y qué vas a hacer con ellos?”. “Pagarte por usar tus servidores”. “Excelente. Esto de la inteligencia artificial tiene un futuro extraordinario”.

No hay necesariamente nada fraudulento en ese circuito. La empresa de IA recibe algo real: potencia de cálculo, electricidad, chips, almacenamiento y acceso a centros de datos. El proveedor, por su parte, tiene costes enormes para construir y mantener esa infraestructura. Pero el esquema plantea una pregunta interesante: ¿cuánto del crecimiento que observamos procede de clientes independientes y cuánto está impulsado por compañías que financian a sus propios grandes compradores? Es una diferencia importante, porque una cosa es tener demanda y otra financiar al cliente para que pueda comprarte.

Aquí aparecen los tulipanes. La famosa tulipomanía holandesa se ha convertido en el símbolo universal de las burbujas: alguien compra algo porque cree que mañana otra persona pagará más. Esa otra persona hace exactamente lo mismo, y durante un tiempo todos parecen genios. El problema llega cuando aparece el último comprador y descubre que detrás de él ya no queda nadie. El modelo financiero podría resumirse con una frase poco académica: “No importa que esté carísimo; ya encontraremos a otro que pague más”. El precio de los........

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