Morir pidiendo auxilio: la tragedia silenciosa de la salud mental en Canarias
En Canarias está muriendo gente que no quería morir. Personas jóvenes y no tan jóvenes que pidieron ayuda, que verbalizaron su sufrimiento, que advirtieron del peligro y que, aun así, fueron devueltas a casa con un protocolo bajo el brazo y la responsabilidad de sobrevivir en soledad.
El suicidio se ha convertido, en el último lustro, en la principal causa de muerte no natural en el Archipiélago, por encima de los accidentes de tráfico y muy por encima de las víctimas de violencia machista. Este dato, por sí solo, debería haber provocado ya una profunda sacudida colectiva. Pero no ha sido así. Las autoridades repiten discursos sobre la importancia de la salud mental, pero las cifras siguen subiendo y cada nueva muerte confirma una realidad insoportable: los planes y las promesas no llegan a quienes más lo necesitan.
La depresión severa con ideación suicida no es una enfermedad invisible. No aparece de repente ni se vive siempre en silencio. En muchos casos, quienes la padecen acuden al sistema sanitario suplicando algo tan elemental como protección, porque saben que no pueden controlar sus impulsos suicidas. Algunos llegan incluso a solicitar el ingreso voluntario como única vía para sentirse a salvo.
Y aun así, la respuesta suele ser devastadora: “el hospital no es su lugar”, “debe responsabilizarse de su medicación”, “vuelva a casa”. Este tipo de respuestas ignoran la gravedad del estado mental del paciente, su extrema vulnerabilidad y el riesgo real que corre. Se exige lucidez a quienes no la poseen,........
