De mis días en la cola del gas licuado, vivencias
Las carencias se sobrellevan mejor cuando, a la a la hora de paliar la situación, prevalece la organización y no las intenciones de sacar provecho a la carestía. Es responsabilidad de las autoridades de un territorio que cada actividad se realice con la mayor transparencia posible. Lo contrario fomenta el desaliento. Es lo que sucede en el punto 10005, de Alturas de Alamar
Es una situación difícil de contar; tan complicada como la trama provocada en torno a un servicio tan deprimido como el del gas licuado, cuyo efecto es más notable debido a los apagones. Estamos pasando trabajo –mucho trabajo–, no es un secreto. Nuestra realidad es dura, desde el punto de vista material. No obstante, hay elementos más fuertes –y que provocan un efecto muy nocivo–, como perder de vista cuán necesario es que cada recurso tenga el uso adecuado.
Sé que esta última frase pudiera provocar toda una serie de comentarios soeces acerca de cómo viven otros, de ciertas posibilidades y mucho más, que van rodando de boca en boca, so pretexto de justificar ciertas actitudes dañinas, oportunistas, que atentan contra el funcionamiento de lugares donde se deben solucionar los inconvenientes de la mayoría.
Foto. / Irene Izquierdo
Difícil de contar –les reitero– la experiencia vivida en el punto del gas licuado 10005, de la zona 11 en Alamar. Allí vi irregularidades –y me circunscribo al período en el cual me correspondió estar; lo primero: el mismo equipo de trabajo que el gobierno municipal tenía en el kiosco de la zona 9, conflictivo, problemático y todo lo que los clientes puedan decir, es el que está responsabilizado con el “buen funcionamiento” de la distribución........
