Cuando la ciudad colapsa y las redes se burlan
El pasado domingo escribí en este mismo espacio, a propósito de las emergencias de media tarde del Gobierno, sobre cómo el Ejecutivo suele trastabillar cuando los imprevistos irrumpen en su agenda y la pericia técnica se diluye ante la falta de conducción.
En aquella columna destaqué la respuesta operativa que en episodios previos había exhibido el ministro Louis de Grange, ordenando prioridades concretas ante el descalabro.
No obstante, apenas dos días después presenciamos un retroceso desconcertante: el martes 13 de octubre, en medio del temporal que paralizaba a Santiago, la información técnica no circuló de manera adecuada ni oportuna entre los distintos estamentos, llevando al propio titular de Transportes a calificar el evento como una lluvia habitual en lugar de la granizada de proporciones históricas que realmente acontecía.
Cuando los datos necesarios no fluyen con precisión hacia quienes toman decisiones y articulan la movilidad, las orientaciones dirigidas a la ciudadanía pierden claridad y coherencia. Lo ocurrido esa tarde en la capital fue grave por sus efectos urbanos inmediatos, pero se trató de un evento acotado.
En un país cuya historia está marcada por pruebas de máxima severidad de la naturaleza, desde........
