Primera carta a Maduro: el fascismo contra el bolivarianismo
Proemio
Honores eternos a las heroínas y los héroes que cayeron enfrentando la invasión gringa que secuestró a Nicolás Maduro, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y a su esposa, la Primera Combatiente Cilia Flores.
Será nuestro corazón un Panteón amoroso para regar la Gloria que alcanzaron mártires de la estirpe bolivariana y martiana. Nuestro abrazo fraterno y solidario a sus familiares.
A vos Nicolás, nuestra lealtad, hermandad y admiración por tu templanza ante la oprobiosa e ilegal circunstancia que te retiene, al igual que a Cilia. Estamos orgullosos de tener un Jefe de Estado tan digno y valiente. Millones de personas decentes del mundo te respaldan y nuestro pueblo dará la pelea por tu liberación y retorno a la Patria.
Tenéis el privilegio de estar combatiendo vos solo, junto a Cilia, en pleno territorio del enemigo, por todos los pueblos decorosos del mundo, blandiendo con extrema valentía la fuerza moral del bien.
I
Sí es un enfrentamiento ideológico. No es sólo jurídico (que de por sí todo lo jurídico es político). No es sólo económico, por el petróleo (aunque toda agresión imperialista esconde una razón económica, porque se hace para robar y saquear los bienes estratégicos de riqueza de las naciones).
Lo que ha sucedido la madrugada del 3 de enero de 2026 no tiene precedentes. Puede sugerirnos semejanzas con otras invasiones, pero esta se realiza después de haber aplicado todas las formas de intervención imperialista por 25 años, incluyendo una guerra mutante y multiforme que jugó al quiebre económico, la implosión por carencias, la destrucción del poder adquisitivo, el desabastecimiento brutal, el experimento de un supuesto "gobierno" fantoche, el robo de activos venezolanos en el exterior, y magnicidios frustrados. Sólo faltaba la acción militar directa para secuestrar al Jefe del Estado.
El propósito ha sido el mismo: impedir el éxito del Proyecto Bolivariano que creyeron desaparecido desde el 17 de diciembre de 1830.
II
Quienes buscan hacer comparaciones, les invito a buscar en las primeras incursiones de la invasión hispana a nuestro continente con su archipiélago (Abya Yala o Nuestra América).
Los jefes invasores secuestraron a las cacicas y los caciques, a los piaches, en fin, el liderazgo comunitario, para exigir la mayor cantidad de oro como pago por liberarles. En el caso del welser Ambrosio Alfinger (alemán como Trump), lo hizo en los pueblos del norte zuliano, ribereño del Macomite (Río Limón) y en el lado occidental de la Sierra de Perijá hasta el Sur del Lago Maracaibo, hasta morir flechado por los guerreros barí, patriotas de su territorio que abarcaba los ríos y valles de esa región hasta lo que hoy llamamos el Catatumbo (Colombia y Venezuela).
Antes lo hicieron en las islas llamadas "indias", Cuba, Borinquen, Quisqueya-Haití, Jamaica, Bahamas, Paraguachoa (Margarita) y Cubagua, y el oriente venezolano, lo hicieron por el Lago Maracaibo y la costa de la actual Colombia, hasta llegar a tierras altas, Bogotá (Jiménez de Quesada secuestró y quemó al zipa de los muiscas), y con Tenochtitlán (donde Hernán Cortés secuestró a los tlatoanis) y fueron a sur, al Perú (Pizarro secuestró al Inca Atahualpa), siempre con esa práctica bestial de secuestrar, ahorcar, quemar vivos (Ovando a Na’kaona o Anacaona), muchas veces bajo engaño, que querían dialogar, decían.
A ese tiempo de barbarie nos pretende retrotraer el fascismo imperialista, que es como decir, el cadáver insepulto del capitalismo neoliberal. Dividir, sembrar intrigas, cizaña, aprovechar superioridad técnica-militar, y la dispersión........
