La voz joven contra el tirano: los acontecimientos del Carnaval de 1928 y el surgimiento de la Generación del 28
Venezuela vivía bajo el régimen más largo e implacable de su historia republicana. Juan Vicente Gómez, desde su ascenso al poder en 1908, mediante un golpe de Estado, había consolidado una dictadura personal, que se extendía sobre el país con puño de hierro. Varios de sus hijos y parientes cercanos recibieron puestos clave, en la administración pública y cargos en el Congreso Nacional, lo que caracterizó al gomecismo por prácticas de fuerte nepotismo.
El general, controlaba los resortes del Estado, la economía petrolera y la vida política, con una mano firme, que no admitía disidencias. La oposición había sido sistemáticamente silenciada: los periódicos opositores clausurados, los líderes exiliados o encarcelados, y cualquier brote de descontento era reprimido de manera brutal. La represión no distinguía entre combatientes armados y civiles inocentes; la represión se convirtió en rutina y el terror como método de gobierno, aplicado contra cualquier signo de disidencia.
Sin embargo, hacia finales de la década de 1920, los vientos habían comenzado a cambiar. La muerte del caudillo en diciembre de 1935 estaba aún lejos, pero los primeros signos de agrietamiento del régimen ya se manifestaban. Venezuela, un país mayoritariamente agrícola y atrasado, se había transformado en un actor energético relevante, gracias al descubrimiento de enormes reservas petroleras en el Lago de Maracaibo. Esta nueva realidad económica generó una burguesía urbana creciente y, fundamentalmente, una clase media emergente que exigía cambios. Los intelectuales y profesionales, formados en las universidades empezaban a cuestionar abiertamente el orden establecido. En este contexto de transformación social, pero también de profunda represión política, se gestó uno de los episodios más significativos de la historia contemporánea venezolana: las protestas estudiantiles de 1928, conocidas como los Actos del 28, que dieron origen a lo que la historiografía ha denominado la Generación del 28.
Entre 1923 y 1925, un grupo de jóvenes estudiantes ingresó a la Universidad Central de Venezuela. Estos muchachos, provenientes de diversas facultades —Medicina, Derecho, Ingeniería—, compartían una inquietud común: el deseo de transformar, no solo su institución académica, sino toda la sociedad venezolana. En un primer momento, su acción se centró en la reconstrucción de los organismos de representación estudiantil, es decir, los centros adscritos a cada facultad, y luego promovieron la reconstitución de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), organismo coordinador de todos los centros estudiantiles y cuya existencia había sido suspendida por disposición del gobierno de Cipriano Castro.
La FEV tenía como presidente a Jacinto Fombona Pachano, quien pronto sería seguido en el cargo por Raúl Leoni. Entre los organizadores de esta nueva etapa destacaron figuras que más tarde jugarían papeles cruciales, en la vida política venezolana: Elías Benarroch, Isaac Pardo, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Guillermo Prince Lara, José Pío Tamayo, Juan José Palacios, Miguel Otero Silva, José Tomás Jiménez Arráiz, Rafael Echenique Chirinos entre otros. Movidos por la penuria de actividades culturales, estos estudiantes organizaron ciclos de conferencias que contaron con el apoyo del rector Diego Carbonell y fundaron la revista La Universidad, órgano de difusión de corta trayectoria pero gran significado simbólico.
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