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Desatar el infierno: El ocaso de la diplomacia

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06.04.2026

La amenaza emitida desde Washington de "desatar el infierno" y acabar con la República Islámica de Irán si no se accede a la apertura incondicional del Estrecho de Ormuz, no es solo una declaración de guerra; es la renuncia formal del imperio al sistema de Naciones Unidas.

Desde la perspectiva del Derecho Internacional Público, el Estrecho de Ormuz no es un simple corredor comercial; es un espacio donde convergen soberanías legítimas y regímenes de paso en tránsito que han sido históricamente respetados, hasta que la política de sanciones unilaterales asfixió la economía persa.

El imperialismo estadounidense, ha decidido sustituir la pacta sunt servanda (lo pactado obliga) por la ultima ratio regis (el argumento de los reyes: el cañón). Al amenazar con la aniquilación total de una nación de más de 85 millones de personas, Estados Unidos está violando de manera flagrante:

El Artículo 2(4) de la Carta de la ONU: Que prohíbe explícitamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial.

El Principio de No Injerencia: Fundamental para la coexistencia pacífica.

La Proporcionalidad: Amenazar con la destrucción total por una disputa de tránsito marítimo es una aberración jurídica y moral.

La narrativa hegemónica presenta a Irán como el agresor que "bloquea" la energía del mundo. ¿Qué opciones le quedan a un Estado cuando se le excluye del sistema financiero, se sabotea su infraestructura y se asesina a sus científicos? El control del Estrecho es la última carta de defensa de una nación que se niega a ser una colonia.

Washington no busca la "libertad de navegación". Lo que busca es el control absoluto de la arteria energética del planeta para dictar condiciones a sus rivales en Eurasia. La amenaza de "desatar el infierno" es un reconocimiento de que el imperio ya no puede convencer, solo puede destruir.

Estamos ante una crisis de civilización. Si la comunidad internacional permite que se normalice la amenaza de exterminio como herramienta de negociación, habremos regresado al estado de naturaleza de Hobbes, donde el fuerte devora al débil.

La paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de justicia. No puede haber paz en el Golfo Pérsico mientras el derecho a existir de Irán esté sujeto al capricho de los halcones en el Pentágono.

El término "desatar el infierno" no es solo una metáfora bélica; es la descripción del caos global que vendría después. Un ataque a Irán incendiaría el mercado energético, desplomaría las bolsas mundiales y, lo más grave, cobraría millones de vidas inocentes.

La soberanía de Irán es hoy la frontera de la libertad del Sur Global. Si Ormuz cae bajo el dictado del miedo, ningún mar, ninguna frontera y ninguna nación estarán a salvo de la hoguera imperial.

Es hora de que los pueblos del mundo exijan el cese de la piromanía de Washington. La paz y la soberanía nacional no son negociables.


© Aporrea