El fascismo del fin de los tiempos: hacer negocio hasta que llegue el apocalipsis
Alisdare Hickson from Canterbury, United Kingdom / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)
El mundo asiste a la emergencia de un nuevo fascismo. La gran diferencia con la pesadilla que vivimos en el siglo XX es que los monstruos de aquellos tiempos engañaban a las masas con la promesa de un futuro purificado, rico y estable mientras los de ahora aceleran sin frenos hacia la catástrofe al grito de sálvese quien tenga dinero. La alianza de etnonacionalistas, tecnoligarcas y fanáticos religiosos ha dado la espalda a un porvenir común
Este verano, a medida que el calor implacable y la sequía hacían bajar sus niveles de agua, el Danubio empezó a mostrar sus secretos. Como si fueran monstruos que surgían del fango del tiempo, empezaron a aparecer restos hundidos de la Segunda Guerra Mundial.
En Serbia, el río, al secarse, dejó al descubierto al menos 20 barcos nazis, algunos de ellos aún cargados de munición sin detonar. En Hungría, dejó al aire una motocicleta militar nazi cubierta de barro caliente, cerca de las medallas y las placas de identificación oxidadas de dos soldados alemanes. En Eslovaquia, un transeúnte vio que asomaba en el río casi desaparecido una enorme bomba de 680 kilos plantada por la Royal Air Force. Las autoridades tuvieron que transportar con cuidado el arma, que llevaba más de 80 años sumergida, y detonarla bajo tierra, a gran profundidad.
Muchos observadores tienen la sensación de que estas apariciones fantasmales y amenazadoras del pasado de Europa son, más que una curiosidad histórica, una metáfora demasiado literal: la forma que tiene la naturaleza de confirmar la frase de William Faulkner de que "el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado".
La impresión de que la historia se repite se apoya en muchos datos. A lo largo de todo el Danubio, en la última década ha habido un auge de la nostalgia por una época en la que la "civilización europea" dominaba de forma absoluta, y cada nueva oleada de extrema derecha coquetea con más descaro que la anterior con políticas y consignas raciales que se suponía que habían quedado enterradas al desaparecer el Tercer Reich.
La magnitud de este renacimiento quedó patente a principios de 2025 en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, recién investido, reprendió a los líderes europeos por mantener un cortafuegos político que aislaba a partidos de extrema derecha antes intocables.
Además, se desvivió por reunirse con el partido alemán Alternativa por Alemania (AfD), que ha difundido propuestas para la "remigración" de grandes cantidades de gente y cuyo antiguo colíder llegó a decir que la época nazi no era más que una "caca de pájaro" en la historia del país. Este septiembre, el partido logró un avance electoral histórico en Sajonia-Anhalt, al obtener un 43,8 por ciento de los votos.
Más al este, a orillas del Danubio, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), fundado en 1956 por un antiguo funcionario nazi, goza de la mayor popularidad de su historia y Walter Rosenkranz, miembro destacado del partido, ocupa el segundo cargo más importante del país. El año pasado, el jefe de gabinete de Rosenkranz tuvo que dimitir cuando se supo que una investigación oficial sobre los "Separatistas Sajones", de extrema derecha, había descubierto un alijo de munición y parafernalia nazi en una propiedad vinculada a él, aunque él negó vivir allí.
Da la casualidad de que el grupo que está en el centro de la polémica tiene las iniciales "SS", como da la casualidad de que Elon Musk, acérrimo partidario de la AfD y de otros grupos de la extrema derecha europea, expresó su gratitud a los votantes de Trump en enero de 2025 con un gesto que muchos interpretaron como un saludo nazi. (Musk restó importancia a la crítica y publicó en su plataforma X: "Francamente, necesitan mejores artimañas. La crítica de que ‘todo el mundo es Hitler’ está muuuuy manida").
Igual que los buques de guerra hundidos que están saliendo a la luz a medida que baja el nivel del Danubio, el fascismo parece estar resurgiendo en Europa, Estados Unidos y otros países. Sin embargo, después de haber acabado de escribir un libro sobre los rasgos distintivos del fascismo contemporáneo, no acaban de gustarnos las comparaciones históricas lineales. Por el contrario, si queremos comprender a la extrema derecha actual, más nos valdría no quedarnos en las reliquias oxidadas y prestar más atención a la alarmante sequedad del lecho del río.
El fascismo siempre aparece en épocas de crisis agudas. Es lo que sucedió, sin duda, con Benito Mussolini y Adolf Hitler cuando se abrieron paso a puñetazos hasta el poder. La Primera Guerra Mundial había acabado con la vida de millones de personas, destrozado economías y abarrotado las ciudades de huérfanos, viudas y veteranos mutilados que vivían en la pobreza.
Sin embargo, ver ahora unos sistemas fluviales tan poderosos e importantes sometidos a una presión semejante (mientras que, a miles de kilómetros, las inundaciones glaciales arrasan pueblos enteros) nos recuerda que las crisis actuales son muy diferentes de las que, hace un siglo, empujaron a las........
