Tres x Tres ¿y no habrá 5to malo?
En política internacional no existen gestos inocentes. Las visitas de altos funcionarios extranjeros, especialmente cuando provienen de una potencia con historial de intervenciones directas e indirectas en América Latina, constituyen actos de alto simbolismo geopolítico. En las últimas semanas, la presencia del Director de la Central Intelligence Agency, del Secretario de Energía de Estados Unidos y de la Encargada de Negocios de ese país en territorio venezolano no puede interpretarse como mera cortesía diplomática. Tales movimientos revelan una arquitectura de presión que compromete la soberanía, tensiona la autonomía decisional y reduce el margen de acción de un Estado que históricamente ha reivindicado su independencia política.
El Director de la CIA no viaja para intercambiar amabilidades. Su presencia encarna la dimensión securitaria de la política exterior estadounidense. Como ha señalado el politólogo estadounidense Stephen Walt, las grandes potencias operan bajo la lógica del realismo estructural, buscan maximizar su influencia en sistemas donde la desconfianza es regla y la autonomía ajena es, muchas veces, un obstáculo. La visita de la máxima autoridad de inteligencia sugiere, en términos simbólicos y reales, un escenario de supervisión, monitoreo y, eventualmente, condicionamiento. En un país con antecedentes de confrontación abierta con Washington, la imagen proyectada no es de cooperación horizontal, sino de subordinación tácita. La soberanía, entendida como capacidad efectiva de decidir sin coerción externa, se diluye cuando la interlocución principal es el aparato de inteligencia de una potencia extranjera.
La segunda arista —la del Secretario de Energía— remite a la dimensión económica y estratégica. Venezuela posee una de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta. En el lenguaje de la geopolítica energética, eso significa poder potencial. Sin embargo, el poder potencial puede convertirse en vulnerabilidad cuando el acceso a mercados, financiamiento y tecnología depende de negociaciones asimétricas. El historiador económico Karl Polanyi advertía que cuando la economía se desincrusta de la sociedad y se convierte en fin en sí misma, el tejido social paga el precio. E comercializará a precios muy bajo todos nuestros recursos, de ese modo los EEUU garantizarán que sus pocas fabricas aun continúen funcionando. Podemos deducir que los ingresos para la........
