La urgencia de ser: vivir con propósito en un mundo finito
Vivimos una sola vez, no hay repetición, no hay forma ni manera de volver a transitar este camino, sí somos conscientes de esta finitud radical —y no meramente intelectuales de ella—, la conclusión lógica no debería ser el hedonismo desbocado, sino la exigencia de habitar el tiempo con mayúsculas, se trata de extraer el mejor provecho de nuestra existencia, pero entendiendo "provecho" no como acumulación de experiencias vacías, sino como cumplimiento de una misión y una visión personal que den coherencia a nuestros actos.
Ahora bien, el propósito no es un faro inmutable, la vida se despliega en ciclos, y cada estación nos exige una razón renovada para levantarnos. Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra superviviente del Holocausto sostenía que el ser humano no se define por sus impulsos, sino por su capacidad de encontrar sentido en cualquier circunstancia, incluso en la adversidad más extrema (El hombre en busca de sentido, 1946), por eso, tener siempre una razón para vivir en cada ciclo no es un lujo romántico; es una necesidad psicológica y espiritual que nos ancla a la realidad sin anular nuestra libertad.
Pero cuidado: no........
