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La Doctrina Monroe Génesis del intervencionismo en América Latina y el Caribe

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12.02.2026

Adentrarnos en una materia tan ampliamente estudiada y debatida por todo tipo de  personas —desde intelectuales, políticos, analistas de renombre mundial hasta la más humilde de las mujeres y los hombres de nuestros pueblos— todos con  conocimiento de causa y altos perfiles discursivos para el debate y la discusión, no  resulta tarea fácil. Sin embargo, motivado por los recientes acontecimientos que  sacudieron el suelo de nuestra patria y por ende la sensibilidad colectiva de todos  los venezolanos, me atrevo a hacer un esbozo crítico, no metodológico, que sirva  como puente al tránsito de las ideas, del argumento y del análisis consciente, de  todas nosotras y nosotros, en torno a la tristemente célebre y aún vigente Doctrina  Monroe. 

Para este fin tomo como instrumento guía la obra literaria “La doctrina Monroe  contra América Latina y el Caribe, 1823-2023” del historiador cubano Carlos Oliva Campos, en la que, a manera de compilación, recoge la narrativa de  extraordinarias y extraordinarios conocedores y estudiosos académicos, que iremos  identificando en las siguientes líneas. 

Los hechos históricos: 

A manera de marco referencial del momento histórico en que se promulgó la  Doctrina Monroe, analicemos lo siguiente: 

James Monroe fue el quinto presidente de los Estados Unidos. Ejerció su mandato  durante dos periodos consecutivos, entre 1817 y 1825, siendo el último de los  llamados “padres fundadores” en ejercer la primera magistratura de ese país.  Paradójicamente quiso la historia que su etapa al frente del gobierno fuera conocida  como “la era de los buenos sentimientos”. ¡Vaya paradoja! (cabe la redundancia).  Más adelante podremos sacar nuestras propias conclusiones; en lo particular, me  inclino a llamarle “la era génesis del intervencionismo”; ya veremos el porqué. 

Para el año 1823, específicamente el 2 de diciembre, Monroe dirige su séptimo  mensaje al Congreso de Estados Unidos. En él, hace un análisis que triangula, de  forma favorable a sus ocultas y ambiciosas intenciones, la situación de  “desprotección” de los estados del continente recientemente independizados ante  las “amenazas expansionistas” de tres potencias europeas agrupadas en la  denominada “Santa Alianza”, integrada por los imperios absolutistas de Rusia y  Austria y el Reino de Prusia. Monroe invoca la “obligación moral” de los Estados  Unidos de evitar el expansionismo europeo para, supuestamente, defender la  territorialidad e independencia de las nuevas naciones. 

Veamos qué esgrime en su mensaje, al respecto de este estado de cosas:  

"...se ha juzgado la ocasión propicia para afirmar, como un principio que afecta a  los derechos e intereses de los Estados Unidos, que los continentes americanos,  por la condición de libres e independientes que han asumido y mantienen, no deben  ser considerados en lo sucesivo como sujetos a una futura colonización por parte  de ninguna potencia europea." 

"Debemos, por tanto, a la sinceridad y a las relaciones amistosas que existen entre  los Estados Unidos y esas potencias, declarar que consideraremos cualquier intento  por su parte de extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como  peligroso para nuestra paz y seguridad." 

"Con las colonias existentes o dependencias de cualquier potencia europea no  hemos intervenido ni intervendremos. Pero con respecto a los Gobiernos que han  declarado su independencia y la han mantenido, y cuya independencia hemos  reconocido con gran consideración y sobre justos principios, no podríamos ver sino  como la manifestación de una disposición poco amistosa hacia los Estados Unidos  cualquier interposición con el fin de oprimirlos o de controlar de cualquier otra  manera sus destinos por cualquier potencia europea." 

Si bien es cierto que la “Santa Alianza” pretendía devolver al Rey Fernando VII la  posesión de las antiguas colonias españolas, la posición de los Estados Unidos no  obedeció, como quiso señalarse, a un gesto humanitario del “buen vecino” para  sostener la independencia y la soberanía de los nuevos Estados del continente. La  independencia y la democracia como conceptos poco o nada les importó; pretendió  más bien, erigirse, ante Europa y América, como la única potencia continental,  arrogándose, para sí, toda supremacía hegemónica.  

En mi concepto, es este momento histórico, génesis, alfa y raíz del actual Imperio  Norteamericano; es allí donde germina la semilla imperialista e intervencionista de  nuestro vecino del norte. Este argumento lo sustento basado en el análisis del  discurso de Monroe, cuyos puntos clave señalo a continuación: 

- Divide o secciona, a voluntad propia, nuestra única América al referirse a ella  como "continentes" (en plural), aplicando de esta forma la máxima “divide y  vencerás” —traducida del latín “divide et impera”— atribuida al Rey Filipo II  de Macedonia (382 a. C. – 336 a. C.). Su finalidad fue la misma, ........

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