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Venezuela: La madurez de la resistencia, la trampa cognitiva y la geopolítica de la supervivencia

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17.08.2026

Hace pocos días llegó a mis manos un extraordinario documento firmado por tres destacados intelectuales y activistas de la solidaridad internacional: Roger D. Harris desde Estados Unidos, el académico chileno-británico Dr. Francisco Domínguez desde el Reino Unido, y la investigadora María Páez Víctor desde Canadá. Publicado originalmente bajo el título «Venezuela: No culpen a la víctima», es un texto con cuyos análisis me identifico y acompaño en una parte muy significativa, aunque no en su totalidad, porque cada quien tiene su propia mirada. Pero celebro y respaldo el coraje de poner el dedo en la llaga.

En un momento donde abundan las posturas estridentes y los juicios sumarios dictados desde la comodidad del confort académico o la distancia geográfica, este grupo de compañeros ha tenido la honestidad intelectual de señalar lo que muchos prefieren eludir: Venezuela enfrenta hoy una agresión de magnitudes complejas, y la respuesta institucional y popular no es una capitulación, sino un repliegue táctico consciente frente a una fuerza asimétrica desproporcionada.

He dedicado más de cinco décadas a analizar las dinámicas internacionales. Desde los comités de solidaridad internacional en los años 70, pasando por la fundación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), hasta mi servicio diplomático como Embajador de la República Bolivariana, y luego mi retorno a la vida privada, a los emprendimientos económicos con sus altibajos y traiciones de socios. Y eso que algunos falsos "amigos" llaman "mi caída" yo lo llamo mi liberación: el hecho de haber financiado mi existencia con mi trabajo privado, con mis aciertos y mis fracasos, me ha permitido lo que pocos tienen: no tener bozal. No he debido rendir cuentas a ninguna burocracia, ni he tenido que callar para preservar un cargo. He vendido lo que he tenido que vender para sobrevivir, y de eso me siento orgulloso, porque la independencia no se decreta, se conquista con el sudor de la frente.

Pero esa actitud no nació en la revolución ni en la diplomacia; viene de mucho antes. Desde el liceo, yo ya vendía en mi cuadra: peces, lo que fuera, buscando tener mi propio dinero, mi propio aire, incluso independencia de mis padres, que fueron quienes me educaron, me criaron y me dieron todo, pero siempre se sorprendían de verme con algún ahorro, alguna cuestión que yo había logrado por mi cuenta. He pasado toda la vida en esa intermitencia: estar holgado, estar ajustado, vender lo que haya que vender, emprender en lo que se ponga al frente, pero siempre sin depender de nadie. Esa ha sido mi forma de actuar en la sociedad, en la revolución, en el país, en las relaciones culturales. He estado metido en cultura, en comercio, en lo que hiciera falta, porque para mí la independencia no es un discurso, es una práctica cotidiana que combina la lucha individual, la lucha familiar, la lucha colectiva y la lucha económica, todo al mismo tiempo. Y eso, con el tiempo, lo he entendido como una fortaleza, no como un defecto.

Esa independencia me ha permitido desarrollar una mirada propia, que amalgama la Geopolítica Cuántica, la Sintérgia de Greenberg, la Filosofía Pitagórica y el Arte de la Guerra de Sun Tzu como herramientas de análisis. A ello se suma una visión profética de la existencia que me ocurre orgánicamente, como una forma de percibir las imágenes y la inmanencia de las situaciones, que junto al análisis de escenarios me permite ver más allá de lo evidente. Desde esa mirada, afirmo con absoluta claridad: lo que vivimos hoy no es un hecho aislado; forma parte de un despliegue de guerra cognitiva diseñado para inducir la fractura interna, el agotamiento psicológico y el colapso de la matriz soberana........

© Aporrea