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Sr. Héctor Rodríguez, su lógica: para qué pelear si EE UU centuplica nuestro poder bélico. Derrotados nosotros sin remedio?…

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25.05.2026

Es como si alguien, el 3 de enero hubiese dicho: "La pinga, yo no voy a salir a defender a la patria porque puedo INMOLARME". RECUERDE Sr. Héctor Rodríguez, que no es el poder bélico de un imperio el que logra imponerse sobre los pueblos. Decía el Libertador Simón Bolívar: "Por fortuna se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos". Aclaremos: INMOLARSE, queridos compatriotas, no significa morir inútilmente. Tampoco se trata de un acto suicida. Por otro lado, empiezo aclarando (aunque no debería) que no soy de esa izquierda pajuda la cual critica mi admirada y genial Carola Chávez. Soy, quizás, de la izquierda insolada, la que va por la calle cogitabunda con o sin sombrero, a pie y en chanclas, moribundamente enhiesto, aterido de atávicas arrecheras porque casi nada se concreta, tras siglos de coñazos y coñazos. La de los eternamente desahuciados. Esa, cuyos sentimientos y dolores no recoge ningún manual de política. Y en estos momentos (vivo de momentos), me escuece, por ejemplo, la palabrita INMOLARSE. La he buscado, porque me perdí ahora cuando la han puesto de moda y leo que INMOLARSE es DAR LA VIDA O SACRIFICARSE POR UN IDEAL, POR UNA CAUSA O POR EL BIEN DE OTRAS PERSONAS, PERO EN NINGÚN CASO, REPITO, INÚTILEMENTE. Recuerdo que durante las arteras y criminales arremetidas de la derecha el 11 de abril de 2002, Fidel Castro le dijo a Chávez: "escúchame, chico, tú no eres Salvador Allende, tú no te mueres hoy"", pero no le dijo: "aborta el proyecto, aminora la marcha para que no te inmoles". Porque lo cierto es que Chávez no podía evitar lo que se estaba desatando contra Venezuela, porque él venía inmolándose en una sucesión de actos y desafíos desde el mismísimo 4-F. Venía de padecer cárceles, persecuciones y falsas acusaciones desde Colombia (estar apoyando a guerrilleros, y por eso se le quiso hacer un juicio). En todo momento su vida comenzó a pender de un hilo, hasta que no tuvo otro destino real, inevitable, neto y formal que el de INMOLARSE, porque ciertamente acabó asesinándolo el imperio. No pudo evitarlo. Y un político de izquierda auténtico, aquí en cualquier lugar del mundo, debe saber que en todo momento se está jugando la vida. Los musulmanes llaman esto MARTIRIO. Los martirizados son seres sagrados.

Es como si alguien, el 3 de enero hubiese dicho: "La pinga, yo no voy a salir a defender a la patria porque puedo INMOLARME". RECUERDE Sr. Héctor Rodríguez, que no es el poder bélico de un imperio el que logra imponerse sobre los pueblos. Decía el Libertador Simón Bolívar: "Por fortuna se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos". Aclaremos: INMOLARSE, queridos compatriotas, no significa morir inútilmente. Tampoco se trata de un acto suicida. Por otro lado, empiezo aclarando (aunque no debería) que no soy de esa izquierda pajuda la cual critica mi admirada y genial Carola Chávez. Soy, quizás, de la izquierda insolada, la que va por la calle cogitabunda con o sin sombrero, a pie y en chanclas, moribundamente enhiesto, aterido de atávicas arrecheras porque casi nada se concreta, tras siglos de coñazos y coñazos. La de los eternamente desahuciados. Esa, cuyos sentimientos y dolores no recoge ningún manual de política. Y en estos momentos (vivo de momentos), me escuece, por ejemplo, la palabrita INMOLARSE. La he buscado, porque me perdí ahora cuando la han puesto de moda y leo que INMOLARSE es DAR LA VIDA O SACRIFICARSE POR UN IDEAL, POR UNA CAUSA O POR EL BIEN DE OTRAS PERSONAS, PERO EN NINGÚN CASO, REPITO, INÚTILEMENTE. Recuerdo que durante las arteras y criminales arremetidas de la derecha el 11 de abril de 2002, Fidel Castro le dijo a Chávez: "escúchame, chico, tú no eres Salvador Allende, tú no te mueres hoy"", pero no le dijo: "aborta el proyecto, aminora la marcha para que no te inmoles". Porque lo cierto es que Chávez no podía evitar lo que se estaba desatando contra Venezuela, porque él venía inmolándose en una sucesión de actos y desafíos desde el mismísimo 4-F. Venía de padecer cárceles, persecuciones y falsas acusaciones desde Colombia (estar apoyando a guerrilleros, y por eso se le quiso hacer un juicio). En todo momento su vida comenzó a pender de un hilo, hasta que no tuvo otro destino real, inevitable, neto y formal que el de INMOLARSE, porque ciertamente acabó asesinándolo el imperio. No pudo evitarlo. Y un político de izquierda auténtico, aquí en cualquier lugar del mundo, debe saber que en todo momento se está jugando la vida. Los musulmanes llaman esto MARTIRIO. Los martirizados son seres sagrados.

Considere usted aquel instante en 1813, cuando Santander se opone a los planes de Bolívar en La Grita, el de atreverse llegar hasta Caracas con su ejército (La Campaña Admirable). Santander le dice que es una locura y que los van a matar a todos, y Bolívar le espeta: "O me fusila usted o lo fusilo yo". Y Santander acobardado decide no acompañar a aquel hombre sublime que opta por INMOLARSE. En realidad, a un revolucionario auténtico no le corresponde escoger si se INMOLA o no, mucho menos buscar evitarlo. Sencillamente tiene que cumplir con su deber, con su destino. Cuántas veces se le dijo a Chávez que se cuidara, y cuántos trataron de protegerlo con devoción sincera, y a la final lo contaminaron, lo asesinaron. No podía evitarlo........

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