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Bolívar, Chávez y Maduro… Recuento de una terrible lucha en tres partes…

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sunday

Entonces era el espíritu de Chávez el que lo sostenía todo. De 1998 a 2026, Venezuela vivió los años más duros de la confrontación pueblo versus capitalismo. Cuando entró en escena Hugo Chávez, lo hizo prácticamente sin un partido consolidado, dispuesto a plantarle cara al neoliberalismo, a la arrolladora maquinaria de los delincuentes enquistados en la administración pública durante cuarenta años, al tiempo que por otro lado irrumpía con la bandera de la liberación una masa inmensa de pobres, una clase media enturbiada y descarriada movida por aspiraciones meramente terrestres, grupos diversos de profesionales y trabajadores con tremendas cargas de resentimiento y de heridas atávicas, todo unidos a esta causa encarnada en Chávez. De esa masa conflictiva y amorfa, ansiosa de poder y de bienes materiales, de justicia y de reconocimiento social, a Chávez no le quedó más remedio que buscar a dedo, a los líderes, a los luchadores, a los ministros y gobernadores de la revolución. Él no podía conocerlos a todos, tampoco podía formarlos según los valores Bolivarianos, Robinsoneanos y Zamoranos, sobre los cuales se sostenían los principios de sus luchas, y ha de decirse, que todo aquel río turbio penetró y se apoderó de su gobierno sin control de ningún tipo, y allí se desataron los primeros y grandes errores (demonios) que luego habrían de crear verdaderas incertidumbres y perturbaciones en los planes del gobierno. En cierto modo fue un feroz turbión difícil de contener. A excepción de unas pocas personalidades que se le unieron a Chávez, valiosas, serias y bien formadas, el resto carecía de la más mínima condición ética, moral y humana para emprender los cambios que se buscaban. Muchos de los que se presentaban como radicales y comprometidos con los ideales bolivarianos, en cuanto tuvieron poder y comenzaron a manejar ingentes recursos, se corrompieron, y terminaron convertidos en miserables guiñapos al servicio del capitalismo, de la ultra-derecha. Sólo Chávez era capaz de guiarnos, de sostener la revolución y de insuflar el necesario espíritu de lucha y de resistencia.

Entonces era el espíritu de Chávez el que lo sostenía todo. De 1998 a 2026, Venezuela vivió los años más duros de la confrontación pueblo versus capitalismo. Cuando entró en escena Hugo Chávez, lo hizo prácticamente sin un partido consolidado, dispuesto a plantarle cara al neoliberalismo, a la arrolladora maquinaria de los delincuentes enquistados en la administración pública durante cuarenta años, al tiempo que por otro lado irrumpía con la bandera de la liberación una masa inmensa de pobres, una clase media enturbiada y descarriada movida por aspiraciones meramente terrestres, grupos diversos de profesionales y trabajadores con tremendas cargas de resentimiento y de heridas atávicas, todo unidos a esta causa encarnada en Chávez. De esa masa conflictiva y amorfa, ansiosa de poder y de bienes materiales, de justicia y de reconocimiento social, a Chávez no le quedó más remedio que buscar a dedo, a los líderes, a los luchadores, a los ministros y gobernadores de la revolución. Él no podía conocerlos a todos, tampoco podía formarlos según los valores Bolivarianos, Robinsoneanos y Zamoranos, sobre los cuales se sostenían los principios de sus luchas, y ha de decirse, que todo aquel río turbio penetró y se apoderó de su gobierno sin control de ningún tipo, y allí se desataron los primeros y grandes errores (demonios) que luego habrían de crear verdaderas incertidumbres y perturbaciones en los planes del gobierno. En cierto modo fue un feroz turbión difícil de contener. A excepción de unas pocas personalidades que se le unieron a Chávez, valiosas, serias y bien formadas, el resto carecía de la más mínima condición ética, moral y humana para emprender los cambios que se buscaban. Muchos de los que se presentaban como radicales y comprometidos con los ideales bolivarianos, en cuanto tuvieron poder y comenzaron a manejar ingentes recursos, se corrompieron, y terminaron convertidos en miserables guiñapos al servicio del capitalismo, de la ultra-derecha. Sólo Chávez era capaz de guiarnos, de sostener la revolución y de insuflar el necesario espíritu de lucha y de resistencia.

Entonces, a las primeras de cambio, ya empezando el año 1999, en todos los estados, se impuso una gavilla de aventureros, inescrupulosos y ladrones que se apoderaron de las banderas de la revolución, al extremo de que hoy ni uno solo de ellos, a 28 años de lucha, es digno de mención para el pueblo. Aquellos "líderes" todo el tiempo hablaban de revolución, pero sus verdaderos fines era acaparar todo a su paso y comenzaron a robar, a cometer toda clase de tropelías, y a medida que lo hacían iban copiando el modelo de los adecos y copeyanos, impuesto en las viejas instituciones, para impedir que se los investigara, se los juzgara y condenara. Por otro lado, el que los denunciara era de inmediato catalogado de antichavista por lo que de ipso facto sobre él caía todo el inmenso desprecio de aquellos que seguían con fervor genuino a Chávez.

Entonces, a las primeras de cambio, ya empezando el año 1999, en todos los estados, se impuso una gavilla de aventureros, inescrupulosos y ladrones que se apoderaron de las banderas de la revolución, al extremo de que hoy ni uno solo de ellos, a 28 años de lucha, es digno de mención para el pueblo. Aquellos "líderes" todo el tiempo hablaban de revolución, pero sus verdaderos fines era acaparar todo a su paso y comenzaron a robar, a cometer toda clase de tropelías, y a medida que lo hacían iban copiando el modelo de los adecos y copeyanos, impuesto en las viejas instituciones, para impedir que se los investigara, se los juzgara y condenara. Por otro lado, el que los denunciara era de inmediato catalogado de antichavista por lo que de ipso facto sobre él caía todo el inmenso desprecio de aquellos que seguían con fervor genuino a Chávez.

Chávez y unos pocos de sus más fieles y rectos camaradas sostenían todo el andamiaje de la revolución, de resto, en las gobernaciones y los ministerios, todo estaba siendo minado por la mentira, la hipocresía, el disimulo más vulgar, la dejadez y la pedantería, la incompetencia, el abandono, la indolencia y el caos. Casi nadie se hacía responsable de sus funciones, y lo peor, a nadie se castigaba por los desquicios que hacía o cometía. La impericia y la irresponsabilidad provocaban verdaderas tragedias en alcaldías y gobernaciones. Y entonces, en estos desastres se vinieron a evaporar o a perderse, también, varios Planes Marshall como los que se usaron para salvar a Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Insania total.

Chávez y unos pocos de sus más fieles y rectos camaradas sostenían todo el andamiaje de la revolución, de resto, en las gobernaciones y los ministerios, todo estaba siendo minado por la mentira, la hipocresía, el disimulo más vulgar, la dejadez y la pedantería, la incompetencia, el abandono, la indolencia y el caos. Casi nadie se hacía responsable de sus funciones, y lo peor, a nadie se castigaba por los desquicios que hacía o cometía. La impericia y la irresponsabilidad provocaban verdaderas tragedias en alcaldías y gobernaciones. Y entonces, en estos desastres se vinieron a evaporar o a perderse, también, varios Planes Marshall como los que se usaron para salvar a Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Insania total.

La más patética (trágica) desolación de Bolívar, era la misma de Chávez, ahogado por el caos y las traiciones, por la calumnia y el crimen, por los rumores y epítetos de los eternos vendidos a los poderosos intereses extranjeros, y que se resume en la siguiente frase: "DEBEMOS SER VÍCTIMAS PARA NO PARECER TIRANOS" (Carta al general Rafael Urdaneta, fechada en Popayán el 6 de diciembre de 1829). Y al presidente Hugo Chávez Frías: tuvo que aceptar el papel de víctima ante una jauría de histéricas hienas porque, como nunca se les tocó un pelo, precisamente por ello le tildaron de monstruo, de asesino, bestia y tirano. Al presidente Maduro le tocó su parte, aplicarle lo mismo que se había planificado contra Chávez, catalogarlo de narcotraficante, para que en nombre de eso luego, se le pudiese asesinar o secuestrar.

La más patética (trágica) desolación de Bolívar, era la misma de Chávez, ahogado por el caos y las traiciones, por la calumnia y el crimen, por los rumores y epítetos de los eternos vendidos a los poderosos intereses extranjeros, y que se resume en la siguiente frase: "DEBEMOS SER VÍCTIMAS PARA NO PARECER TIRANOS" (Carta al general Rafael Urdaneta, fechada en Popayán el 6 de diciembre de 1829). Y al presidente Hugo Chávez Frías: tuvo que aceptar el papel de víctima ante una jauría de histéricas hienas porque, como nunca se les tocó un pelo, precisamente por ello le tildaron de monstruo, de asesino, bestia y tirano. Al presidente Maduro le tocó su parte, aplicarle lo mismo que se había planificado contra Chávez, catalogarlo de narcotraficante, para que en nombre de eso luego, se le pudiese asesinar o secuestrar.


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