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El marxismo, la Inteligencia Artificial y el materialismo

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18.09.2026

Hay un debate sobre si la IA se volverá consciente, nos esclavizará o nos exterminar, de decir el fin de la humanidad.

Aqui hay un error. Tratan a la IA como un sujeto autónomo, con voluntad propia, ajena a las relaciones sociales que la producen. Como si fuera una fuerza natural en lugar de un producto del trabajo humano bajo condiciones históricas concretas.

El marxismo no niega los riesgos técnicos. Los reubica, el peligro no es una IA rebelde, sino una IA obediente en manos equivocadas. La pregunta correcta no es "¿qué quiere la IA?", sino "¿quién la controla, para qué, y a costa de quién?".

La IA como medio de producción

Para el marxismo, toda tecnología es un medio de producción, un instrumento que media entre el trabajo humano y la naturaleza. Y como todo medio de producción, no es neutral. Quien lo posee decide cómo se usa y se apropia del excedente que produce.

La IA cumple hoy esa función con una particularidad. Es un medio de producción que concentra poder de forma inédita. Unos pocos fabricantes de chips y unos pocos dueños de centros de datos controlan la capacidad de entrenar y desplegar modelos. Los datos, producidos socialmente por millones de personas, son apropiados privadamente sin retribución. El talento se concentra en unas pocas empresas y universidades de élite. Y la energía depende de una infraestructura que requiere mantenimiento humano constante.

En términos marxistas, la IA es capital constante —medios de producción— que absorbe trabajo vivo. Los trabajadores que la producen, la mantienen y la alimentan. Y como todo capital, tiende a concentrarse y centralizarse.

El trabajo que sostiene la IA

Aquí está el punto ciego de casi todo el debate. Se habla de "modelos", de "algoritmos", de "parámetros", y se olvida que detrás de cada modelo hay una cadena mundial de trabajo humano. Esa cadena incluye la minería de litio, cobalto, tierras raras y cobre, extraídos en condiciones precarias en Chile, Congo o Indonesia. Incluye la fabricación de chips en Taiwán, Corea y China, con jornadas extenuantes y exposición a químicos. Incluye el etiquetado de datos en Kenia, India o Filipinas, trabajo cognitivo mal pagado y sin derechos. Incluye los técnicos de mantenimiento, electricistas y personal de refrigeración de los centros de datos. Incluye a los ingenieros y científicos de datos, que venden su fuerza de trabajo aunque cobren bien. E incluye a los operarios de plantas, represas, parques eólicos y redes de transmisión.

Todos ellos, cualificados o no, venden su fuerza de trabajo. Todos son, en sentido marxista, proletarios. La distinción entre un ingeniero de aprendizaje........

© Aporrea