Democracias amputadas: del voto selectivo a la guerra cognitiva
Entre el voto selectivo y la guerra cognitiva existe una continuidad histórica que trasciende la diferencia de sus instrumentos. El primero restringe jurídicamente el universo de quienes tienen derecho a participar en las decisiones públicas; la segunda procura condicionar simbólicamente el universo de aquello que los ciudadanos pueden pensar, creer o considerar legítimo al ejercer ese mismo derecho. Si el primero opera mediante la exclusión institucional de sujetos políticos, la segunda actúa mediante la administración diferencial de la información, la producción industrial de emociones y la colonización de los marcos interpretativos desde los cuales se organiza la experiencia social.
Allí donde las campañas por imponer el "voto selectivo" anhelan arrebatar a las personas sus derechos electorales, la guerra cognitiva sueña con extirpar la historia de las luchas que lograron condiciones intelectuales y afectivas para orientar y organizar decisiones en la gramática de la voluntad democrática. La historia de las restricciones al sufragio y la evolución contemporánea de las operaciones de influencia sobre la conciencia colectiva constituyen dos momentos diferentes de un mismo problema político: la disputa por el control de la soberanía democrática.
Cambian los instrumentos y las modalidades de intervención, pero permanece inalterada la cuestión decisiva: quién posee la capacidad de definir las condiciones efectivas bajo las cuales una sociedad ejerce su derecho a decidir. El voto selectivo constituye una de las manifestaciones más antiguas del liberalismo oligárquico. Durante buena parte del siglo XIX y aún entrado el XX, el sufragio fue condicionado por requisitos de censura, patrimoniales, educativos, raciales o de género, bajo el supuesto de que sólo sectores privilegiados reunían las condiciones intelectuales o morales necesarias para participar en el gobierno de la comunidad. Así la propiedad se presenta como garantía de responsabilidad; la riqueza como prueba de virtud cívica; la instrucción formal como certificado........
