El 3 de enero y Chávez. El PSUV, al estilo Kléber Ramírez. El partido y la multitud como "público de galería"
Quienes ahora, después de lo acontecido el 3 de enero y con posterioridad, aborden el tema de partido, particularmente del PSUV, y no le califiquen como es, uno inexistente, desaparecido como vanguardia revolucionaria, por haberlo convertido en apéndice burocrático y gubernamental, cometen el grave error de actuar de manera prejuiciada. Como también, el rol asignado y asumido por estos, los partidos distintos al estrictamente oficial, de simples observadores y aplaudidores del discurso y el hacer en ese ámbito. Esa concepción de partido, convirtió a la militancia y al pueblo todo, en "público de galería".
Pues, tal proceder y destino del PSUV y el Polo Patriótico, es de vieja data, se inició en tiempos de Chávez y por decisión suya. Lo que sigue, es un trabajo escrito en esos tiempos, no una versión acomodaticia de ahora. Se puede hallar en aporrea y otros medios.
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Estos temas me agobian y por demás están en mi interés. Me alarma como todavía, la vieja idea del partido bolchevique, la de los partidos comunistas, extendida a casi toda la izquierda, la del pequeño grupo ungido por la providencia, como mesiánico que, con sus discursos o plegarias, en medio de las crisis periódicas, momentáneas y hasta frecuentes, harían estallar la sociedad, sigue persistiendo y cuya comunicación con las masas, a las que en el discurso privilegia, es por demás lejana y hasta ausente. Los partidos siguen siendo lo mismo y, lo máximo que han logrado, es convertirse en maquinarias para ganar adeptos sólo para el ejercicio del voto, el respaldo o la indiferencia de la gente. Y también me alarma, pese sé, una cosa se deriva de la otra, hablo ahora sin importar el orden, se siga asumiendo la sociedad de hoy como si fuese aquella fabril y campesina de comienzos y hasta mediados del siglo XX.
Pero la alarma es mayor cuando en el "pensamiento revolucionario", toma fuerza la idea anti partido y se exacerba el rol del individuo. Es del partido en sí la culpa, no de las concepciones del mismo que se han impuesto.
Por eso, porque me agobia y desespera, suelo escribir sobre esto, pese se haga fastidioso y hasta haya quienes crean me interesa molestar determinados intereses, herir ciertos sentimientos y solidaridades. Pero en verdad, no cuesta probarlo o comprobarlo, siento necesidad de despertar la atención a retomar un rumbo, asumir una actitud para hallar las respuestas que los tiempos de ahora reclaman,
Confieso que determinar la concepción de partido que ha asumido Chávez, me costó mucho esfuerzo. Observaciones, comparaciones, discusiones con mucha gente que solían decir con un simplismo, siempre para justificarle, "Chávez no quiere nada con partido"; algunos, hasta con frustración solían agregar, como para saldar la discusión sobre el asunto, "los partidos no sirven sino para que quienes los integran, se beneficien de su status y terminen traicionándome hasta así mismo". Pero llaman partido y aceptan como tal a las organizaciones de las cuales forman parte, que no son sino, unas más eficientes que otras, sólo máquinas electorales y cuyo fin real es el que dicen detestar.
La disolución del partido o partidos, esos que supuestamente, "no sirven sino para que quienes los integran, se beneficien, etc. etc", estaría sujeto se haya llegado a la meta que ellos deben cumplir y su rol lo empiecen a jugar otras estructuras, como esas comunales de las cuales mucho se habla. Hacerlo antes parece un despropósito y lo mismo sería dejar los asuntos de la gente toda en manos de individualidades o de un estado "gomero", tema del cual hablaré más adelante.
Aquella práctica de crear estructuras, que desaparecían y daban origen a otras, por órdenes de arriba, sin que quienes las integraban llegasen a saber por qué y menos participar en el análisis y balance de aquel proceder, por largo tiempo me tuvo de cabeza y hasta molesto. Muchos artículos escribí sobre el tema, fundamentado en mi experiencia sobre el asunto que no es poca. Los de arriba tampoco se molestaban en dar explicaciones sobre aquella conducta. ¿No había nada qué decir? ¿Se estaba procediendo por ensayo y error? ¿Se dudaba o temía que la militancia, aquella más experta y hasta curtida, no asumiera el concepto? No sé, no tengo respuesta.
Mi mayor asombro, angustia y hasta alteración del estado de ánimo, concurría con aquellas inexplicables decisiones, cuando llegado un momento electoral, en el ámbito o área de nuestros batallones o patrullas, hacían su aparición personajes que........
