Quiero a mi bandera...y a nunguna otra
Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!
Bonifacio Byrne.
Recuerdo con emoción aquellos años de mi infancia en los que la bandera de Venezuela no era solo un símbolo patrio, sino una presencia cercana, casi familiar, que entraba al aula como entra una luz capaz de ordenar el alma y conmover el corazón. Para mí, la bandera fue una maestra silenciosa: me enseñó a respetar, a sentir orgullo y a comprender que la patria también se aprende con las manos. En aquellos días, el 12 de marzo tenía un valor especial, porque era la ocasión en que podíamos elaborar nuestra bandera, buscar los materiales —el papel de seda, el papel lustrillo—, ir a la hacienda a buscar la espiga de caña de azúcar que nos sirviera de mástil, e imaginarnos, con la inocencia sagrada de los niños, como si fuésemos Miranda volviéndola a crear. También escuchábamos cantos patrios, aprendíamos a doblarla con cuidado y nos acercábamos a su historia desde una experiencia sencilla, humana y profundamente formativa.
Esa vivencia no estaba completa sin la enseñanza de mis maestros, Bartola Becerra y Mario Rosales, que que impartían sus clases en la Escuela Concentrada la Sabanetas Núcleo Rural N:3. En nuestro estado Trujillo. Una de las provincias que dió el primer paso hacia la independencia de Venezuela, una de las estrellas que están representadas en nuestra bandera. Quienes nos infundían respeto y devoción por nuestro símbolo patrio y por todos sus complementos: el asta, la drizza, la polea, la moarra y el nicho para bandera, donde ella descansaba con solemnidad en mi escuela, específicamente en el salón de primer grado. Aquello nos hacía sentir orgullosos, sobre todo a quienes teníamos el honor de izarla a primera hora de la mañana y arrearla al terminar la jornada. Aprendimos entonces que izar la bandera no era un gesto cualquiera: debía hacerse de forma rápida y enérgica, como un anuncio de vida al inicio del día y, por supuesto, acompañado por el Himno Nacional. Arriarla, en cambio, exigía lentitud,........
