Elogio del silencio
Si es muy necesario que, para lograr la reconciliación y posibilitar un diálogo productivo y sincero, necesitamos superar los prejuicios y escuchar con respeto al otro diferente, todos necesitamos comenzar escuchándonos a nosotros mismos para ser capaces de dialogar con nuestro yo profundo, para ver qué hay detrás de nuestras palabras y declaraciones, de nuestros sentimientos, de nuestras verdaderas intenciones y convicciones, de nuestro comportamiento y de nuestra vida. Para ello, necesitamos de más silencio y soledad. Soledad para enfrentar nuestra propia verdad, para comunicarnos con nosotros mismos sin engaños, para hurgar en la raíz de nuestra vida. Pero aturdidos de ruidos, gritos, cháchara y palabrería hueca, esclavos de las pantallas y las redes, nos cuesta mucho adentrarnos en el silencio, que es hoy el gran ausente de la vida y también de la pedagogía. La escuela enseña a hablar, leer y escribir, pero no enseña el valor del silencio. Ni el niño ni el joven están preparados para el silencio. Para ellos, el silencio es algo insoportable, que hay que cubrir enseguida de palabras y de ruidos. Incluso lo identifican con la amenaza: Detrás de un "Cállense" gritado se asoma el rostro del castigo.. Por ello, no llegan a comprender que el silencio no consiste meramente en callarse, sino en fijar la atención en algo.
El silencio es la cuna de la palabra auténtica. Así como la pedagogía de la palabra resulta completamente........
