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¿Oportunidad, nuevo momento político o transición?

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16.06.2026

En un contexto social que sigue resignando a vastos sectores de la sociedad venezolana a una privación relativa de sus condiciones materiales, y con una violencia política que modela el orden social, se somatiza en los cuerpos y quebranta el humor colectivo, el espíritu ciudadano desplaza su horizonte de expectativas desde la posibilidad de realización hacia la precariedad, y desde la escasez persistente de servicios hasta toparse con intereses foráneos.

Bajo este esquema, el 3 de enero de 2026 no solo constituyó un hito sin precedentes en la historia contemporánea venezolana; sino que representa una interrupción al sistema que invalidó los marcos de interpretación con que se solía entender la política. Este suceso impuso una reconfiguración en la clase política, forzando a los actores en pugna a trascender las categorías y clasificaciones convencionales que, para estos tiempos, resultan insuficientes para comprender la nueva realidad del poder.

En esta realidad, convergen las narrativas de los líderes de la clase política que pretenden replantear el sentido común mediante el despliegue de definiciones y términos estratégicos. Este mecanismo busca, simultáneamente, traducir la coyuntura material y articular la acción operativa para la movilización de sus simpatizantes y la de sus bases militantes. Estos conceptos son: "oportunidad política", "nuevo momento político" y "transición política", que operan como ejes estructurantes de un relato que otorga identidad y que provee un lugar de enunciación desde el cual los líderes políticos legitiman su acción.

Ahora bien, desde la sociología puede entenderse que una "oportunidad política" emerge a partir de determinados hechos o fenómenos sociales. En ese contexto, Eisinger (1973) plantea que estas oportunidades suelen expresarse mediante acciones colectivas, generalmente disruptivas, impulsadas por sectores con escaso poder político, que buscan aumentar su capacidad de negociación e incidencia dentro del proceso político a través de la participación directa de los propios actores involucrados. En nuestro caso, la intervención militar estadounidense del 3-E fue la interrupción del proceso sistemático de marginación y privación que negó el ejercicio de los derechos políticos a diversas organizaciones y a buena parte de los líderes de oposición.

En relación con esto, el expreso político y líder de oposición Enrique Márquez, ha dicho que lo ocurrido en enero "no lo quería nadie". En una entrevista con la periodista Margarita Oropeza, Márquez apuntó: "pero ocurrió, porque de alguna manera el Gobierno se cerró, no buscó una solución y se presentó una solución que yo creo que nadie se esperaba". Para el dirigente esa solución "es un hecho fáctico" que abre paso a "una oportunidad para reconocer que todos tenemos que cambiar".

En otra entrevista, esta vez para CNN, Márquez señaló que Venezuela: "es un país diferente después del 3 de enero" ya que "un factor externo se convirtió en un evento que alteró dramáticamente el paisaje interno". De tal modo que "hay una nueva dinámica: los jugadores han cambiado".

Ante esto, la propuesta de Márquez para capitalizar la "oportunidad política" que dejó al 3-E es un entendimiento entre amplios sectores contrarios al gobierno: "si nos entendemos bajo un marco global........

© Aporrea