La deuda pendiente de México: 6 de cada 10 personas no reciben educación financiera
El dinero forma parte de la vida cotidiana, pero pocas veces se enseña a entenderlo. Cuando las personas comprenden cómo funcionan los créditos, los intereses o el ahorro, el dinero deja de ser un problema invisible y se transforma en un recurso controlable. Pese a su carácter de urgente, en México estos temas no forman parte de las aulas ni de las conversaciones en muchos hogares.
De acuerdo con datos de la Estrategia Nacional de Educación Financiera (ENEF) 2025-2030, 59 % de los mexicanos no recibe educación financiera por parte de sus padres —el equivalente a 6 de cada 10 personas—; en 62 % de los hogares no se ahorra; 83 % no realiza visitas a bancos; en 73 % no se lleva un presupuesto y en 69 % de las familias no se habla de dinero.
Ante este panorama, en diciembre pasado se presentó la ENEF 2025-2030 —impulsada por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP)— como una hoja de ruta para fortalecer las capacidades financieras de la población.
El planteamiento busca dejar atrás un enfoque meramente informativo y avanzar hacia una formación que permita construir una base conductual orientada al control del dinero. La estrategia se compone de seis objetivos estratégicos dirigidos a fortalecer el bienestar financiero:
Para Jorge Meyrán Woo, profesor de Finanzas en la Universidad Anáhuac Querétaro y en la Escuela Bancaria y Comercial (EBC), algunos de los objetivos planteados en la ENEF no resultan del todo realistas en el contexto económico actual, ya que antes “se requiere combatir la pobreza multidimensional”.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indican que, en 2024, 38.5 millones de personas se encontraban en situación de pobreza multidimensional. Es decir, 3 de cada 10 mexicanos no tenían garantizado el ejercicio de al menos uno de sus derechos sociales —como educación, salud, seguridad social, vivienda y alimentación— y su ingreso mensual per cápita no fue suficiente para adquirir una canasta alimentaria, bienes o servicios necesarios.
“No visualizo que los objetivos que se están manejando sean realistas. Primero se necesita combatir la pobreza y fortalecer la educación financiera desde niveles iniciales. También es fundamental reforzarla en adultos que no la recibieron en su infancia y que, por lo tanto, no pueden transmitirla a sus hijos, quienes la adquieren con el paso del tiempo. Lo anterior también conlleva a bajos niveles de inclusión financiera”, señala en entrevista con El Sabueso.
De acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la educación financiera se refiere al conjunto de aptitudes, habilidades y conocimientos que la población debe adquirir para manejar y planear adecuadamente sus finanzas personales, tomar decisiones acordes con sus intereses, elegir productos que se ajusten a sus necesidades y comprender los derechos y obligaciones asociados con la contratación de servicios financieros.
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La inclusión financiera implica que personas y empresas tengan acceso a productos y servicios útiles y asequibles —como pagos, ahorros, crédito y seguros—. Según el Banco Mundial, esta última fomenta el crecimiento económico y el empleo, promueve el empoderamiento económico de las mujeres y contribuye a la erradicación de la pobreza.
El documento oficial de la ENEF señala que, derivado de los programas sociales, la inclusión financiera ha aumentado significativamente. Hoy en día, tres cuartas partes de la población cuenta con al menos un producto financiero formal, como una cuenta bancaria, y 73.5 millones de mexicanos utilizan el sistema de pagos electrónicos, lo que facilita una mayor integración al sistema financiero y a los canales digitales de pago.
“Un aspecto relevante es que la educación financiera, por añadidura, genera inclusión financiera. En México, la inclusión se mide a partir de la tenencia de una cuenta en alguna institución, ya sea bancos, sociedades financieras populares (sofipos) o sociedades cooperativas de ahorro y préstamo (socaps). Sin embargo, la inclusión no garantiza educación financiera: las personas pueden tener una........
