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¿Privatización o cambio de reglas?

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30.03.2026

¿Privatizar o no privatizar? ¿Reformar al Estado para que recupere capacidades y responda a sus obligaciones, o minimizar dramáticamente su influjo? ¿Es lo estatal inherentemente ineficiente, o existen alternativas para perfeccionar su desempeño en contextos democráticos? Son preguntas que, en el caso venezolano, resucitan una y otra vez. Lo cierto es que determinar si el Estado debe gestionar o no sectores estratégicos no se reduce a una problemática puntual, sino que remite a un debate más profundo sobre la naturaleza del poder y la gobernanza. ¿Qué camino tomar, entonces? La tesis de que la solución a su incompetencia está en desvincular al Estado de cualquier manejo directo de empresas, encuentra un eco poderoso en la teoría política contemporánea. En Venezuela, a santo de las distorsiones de ese modelo que Asdrúbal Baptista calificó como Capitalismo Rentístico (drenaje de capitales, «ilusión de armonía», hipertrofia estatal, rent-seeking, Enfermedad Holandesa), es lo que quizás dictaría el sentido común. Sin embargo, no son insignificantes los ejemplos de países que han logrado desafiar los determinismos en este campo. No se trata entonces simplemente de privatizar (o no) para adecuarse al rígido abecé de una ideología, sino de entender que un Estado puede ser un árbitro eficaz siempre que se comporte, al mismo tiempo, como un jugador contenido por la brida que aplica la sociedad.

Acá vuelve a cobrar protagonismo una palabra: instituciones. Es decir, reglas de juego, limitaciones, normas y restricciones ideadas para estructurar la interacción política, económica y social, según apunta Douglass North; pautas que reducen la incertidumbre al definir incentivos/ castigos y determinar los costos de transacción. Hablamos, básicamente, de prácticas y procedimientos predecibles, del sistema de pesos y contrapesos que obliga al Estado a ponerse al servicio de la población en lugar de responder exclusivamente a los intereses de élites o de determinados stakeholders. Las instituciones democráticas actúan así como factor moderador que evita que la riqueza natural se convierta en “maldición” o enfermedad, e impidiendo que la discrecionalidad conspire contra los equilibrios.

Lo anterior invoca las tesis........

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