Santa Teresa, más que una Iglesia (2)
La semana pasada inicié la explicación de los antecedentes que fueron confluyendo para los sucesos de la mal llamada “Toma de Santa Teresa”, en los que participé activamente. El evento en Santa Teresa ocurrió el 15 de junio de 1969 y, aunque fue llamado “la Toma de Santa Teresa”, no fue tal “toma”, ni ocurrieron allí muchas de las cosas que se han dicho y que uno encuentra hoy hurgando sobre el tema en Google o con la IA.
El ambiente cristiano
En esos años, finales de los 60 y comienzos de los 70, se juntó la crisis estudiantil y juvenil −expresada en el movimiento hippie, el “mayo francés” y la renovación académica− con la tensión por la actividad de los grupos cristianos en la Iglesia Católica, que buscaban adaptarse a las decisiones del Concilio Vaticano II (Concilio, en adelante). Para quienes formábamos parte de alguno de esos grupos, las cosas que pasaban no tenían mucho que ver con lo que leímos y estudiamos del Concilio, ni con lo que veíamos de algunos obispos latinoamericanos −Dom Helder Camara y otros del CELAM− y mucho menos con el ejemplo concreto de algunos sacerdotes, religiosos y religiosas que desarrollaban su apostolado en lugares muy pobres de países latinoamericanos y por todo el mundo.
En realidad, si somos objetivos, siempre ha sido así en la Iglesia Católica. Si es criticable la “opulencia” de algunas edificaciones o la dedicación de algunas congregaciones a la educación de elites y sectores de clases medias y altas, o el involucramiento de jerarquías y clero de algunos países con gobiernos tiránicos y dictatoriales, también es cierto que una gran cantidad de sacerdotes, religiosos y religiosas han desarrollado sus ministerios en lugares inhóspitos, misiones lejanas, hospitales, entre obreros y campesinos, escuelas en sectores populares y ministerio en parroquias realmente pobres alrededor del mundo. La diferencia era que, tras el Concilio, había una presión mucho más fuerte para que esa conducta se generalizara. Buena parte de los grupos de jóvenes cristianos en el país nos hacíamos eco de la necesidad de ese “cambio” en la misión y actividad de la Iglesia como institución, y eso explica el episodio de Santa Teresa, que fue para mí la señal inequívoca de la crisis que estaba atravesando una parte de la Iglesia Católica.
Los participantes en los hechos
Los jóvenes de diferentes grupos ligados a la Iglesia Católica y de los centros de estudiantes de los colegios participábamos, nos reuníamos e intercambiábamos ideas y discusiones en el contexto de lo que se dio en llamar la “Pastoral Juvenil”, que en algún momento encabezó o dirigió Mons. Críspulo Benítez, obispo de Barquisimeto, con quien no teníamos mucha relación, pero sí con los sacerdotes, religiosos y religiosas locales de los colegios y parroquias. Impacientes por lo que considerábamos una insoportable lentitud y retraso de la jerarquía eclesiástica en adoptar el “aggiornamento” o puesta al día de las decisiones del Concilio, las decisiones del CELAM y lo que ocurría en la Iglesia alrededor del........
