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Poco a poco…pero, rapidito

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28.03.2026

Las elecciones no creo que sean el tema más urgente y de mayor preocupación de los venezolanos; y es probable que ni siquiera sea uno de los más importantes; pero es uno de los primeros que aparece en las discusiones políticas. Por eso es el tema al que me voy a referir, porque además es un tema que conozco y porque toda “transición” −y esta no será distinta− concluye en un proceso electoral.

¿Por qué un proceso electoral?

Muchos autores han trabajado estos conceptos, pero desde que Seymour Martin Lipset y Juan Linz desarrollaron los conceptos de dominación de Max Weber y definieron con mayor precisión el concepto de legitimidad −de origen y de ejercicio o desempeño−, sabemos que estos son conceptos indispensables para la estabilidad política y que el ejercicio del poder solo es legítimo si ha sido constituido según los procedimientos, normas o principios que una comunidad política reconoce como válidos. En las democracias contemporáneas, la fuente clásica de legitimidad de origen es el sufragio universal y libre. Y si algo quedó claro con la celebración de la primaria del 22 de octubre de 2023 y las elecciones del 28 de julio de 2024, es el rescate de la importancia de la vía electoral y del valor del voto.

Para insistir en la vía electoral, las razones son múltiples y han sido ampliamente explicadas por diversos especialistas −y mucho más durante los dos últimos meses−; no insistiré en los argumentos conocidos, me voy a basar en un par de argumentos prácticos. El primero y el más importante es que no creo que a ningún demócrata venezolano le interese que se diga que está en el poder como producto de la fuerza, y mucho menos si ésta es aplicada por una potencia externa. Por tanto, debe ser un gobierno democrático que surja de un proceso electoral legitimado con el más amplio respaldo y la mayor movilización electoral que haya vivido el país.

Y mi segundo argumento es que, para que eso sea posible, desde ahora debemos superar todas las dificultades conocidas −y muchas que aún ignoramos− y prepararnos para lograr que ese evento electoral sea libre, democrático, confiable y verificable, que permita abrir el camino para restaurar todos los poderes del Estado. Eso no se improvisa; organizar un evento así requiere tiempo, definir una ruta y dar una serie de pasos que permitan aprovechar la ventana o puerta que se ha entreabierto, y los resquicios y grietas que han ido apareciendo en un sistema establecido durante 27 años y que se pensaba que era hermético.

Desde luego, todo proceso de transición implica un acuerdo político en muchas áreas y entre todos los actores participantes, internos e internacionales. Ese acuerdo, por supuesto, debe comprender el tema electoral −al que me quiero referir− y debe considerar sus aspectos sustantivos, que en Venezuela, entre otros, sin ser exhaustivos ni excluyentes, son: el sistema electoral o de votación como tal, la conformación del Consejo Nacional Electoral (CNE), la habilitación de organizaciones políticas y candidatos, la revisión y actualización del Registro Electoral (RE), el voto de los venezolanos en el exterior, la eliminación del ventajismo gubernamental en la campaña electoral, el........

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