Las renovables todavía no abaratan la factura (y podrían hacerlo)
Cuando se habla de transición energética, solemos medir en megavatios mediante la potencia que aportan los distintos vectores energéticos. Pero ese enfoque no dice cuánta electricidad ni cuánta energía se puede producir. La producción fotovoltaica y la eólica dependen de condiciones que no siempre coinciden con las horas de mayor demanda. El interrogante es cómo guardar la energía cuando sobra y cómo hacerla llegar, en el momento necesario, allí donde se necesita.
La energía pesa cada vez más en los costes de las empresas y en los gastos de las familias. Hay que lograr que la abundancia renovable se traduzca en una electricidad más asequible, reducir la fuerte dependencia de variables geopolíticas que condicionan su precio y explicar mejor cómo se forma ese precio y cómo sus componentes acaban en la factura.
Solo en el primer trimestre de 2026 se registraron cerca de 400 horas con precios negativos en el mercado eléctrico, casi tantas como en todo 2025. En ciertos momentos, la producción renovable fue tan abundante que el precio mayorista cayó por debajo de cero. Eso no significa que la electricidad sea gratuita, solo que en esos intervalos esa energía no tiene demanda. Producción y demanda no encajan de manera automática.
El dato importa porque instalar más placas, aerogeneradores y capacidad hidráulica no garantiza que se pueda aprovechar toda su producción. Puede faltar demanda en las horas de mayor generación, o puede que la red no tenga capacidad para evacuar........
