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La mala educación

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Me asusta que haya tantas cuentas de Instagram dedicadas a las buenas maneras

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El blanqueamiento más habitual en España no es del fascismo, es el del Albaicín. El de sus fachadas pintarrajeadas por jóvenes inofensivos armados de rotulador. Una guía grabó a una chica que escribía alguna tontería. Sin prisa. Sin hacer caso de recriminaciones. Chufla, chufla, que ... como no te apartes tú… Miguel Ligero en 'Nobleza baturra'. Cada cierto tiempo hay que repintar de blanco. Me importa poco que los que hacen micropintadas no sean conscientes de que están cometiendo una infracción. El Albaicín forma parte del conjunto histórico reconocido por la Unesco junto a la Alhambra. Me importa más la mala educación. Parece que lo que pasa en la calle Cuesta de San Gregorio de Granada tiene que ver con el efecto contagio. No con que sea una tendencia viral como poner candados en los puentes, sino con que al ver las paredes ya escritas tienen la sensación de que está permitido. A una le gustaría que la gente no pintarrajeara las paredes blancas, que no llamara de tú a los camareros mayores, que no cruzara por una procesión, que pensara en los otros. Me asusta que haya tantas cuentas de Instagram dedicadas a las buenas maneras, sobre todo porque lo que cuentan no es extraordinario, sino tan básico como no guardarse las manos debajo de la mesa, no poner los codos, no hablar moviendo los cubiertos como si fueras un director con dos batutas… Cosas para las que no hay que haber nacido en un palacio. También asusta la gente en los aviones. Por eso me encanta viajar en autobús. Mucho más cuando me toca el conductor que avisa al principio del viaje: «Está prohibido comer y descalzarse». Cuando la plaza de toros de Sevilla no se distingue de la plaza de toros de Pamplona es hora de encerrarse en casa. De espantarse si en plena lidia se comienza a gritar «Jo-se-an-to-nio-mo-ran-te-de-la-pue-bla», como hacen los muchachos que van a vitorear a Morante al balcón del Wellington.

Jésica Rodríguez se refiere en el TS a José Luis Ábalos como «señor Ábalos». Creerá que eso es educado. Lo educado es ir a trabajar si te han enchufado. Dice Claudia Montes que Ábalos la ayudó a culturizarse en política. La cultura, sea lo que sea, y la buena educación son incompatibles con la corrupción. Tan incompatibles como el desaliño y la mediana edad, que decía Lagerfeld.

El domingo iba por el campo con unos amigos en fila india por un sendero estrecho. Pensé si será racista decir 'en fila india' (las nietas de Michelle Pfeiffer en 'The Madison' dicen que no se puede decir 'tacos indios' porque es racista). Quizá los que pintan las fachadas blancas del Albaicín sí estén seguros del racismo intolerable de llamar a algo indio, aunque no piensen en lo mal que está lo que ellos hacen. De la educación de los Ábalos, Koldos, Jésicas, Claudias, de quienes los toleran y mantienen, no espero ni ese atisbo de pensar en los otros.


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