Entre risas, bótox y complejos
Algo está cambiando para bien: durante décadas muchos escondieron los retoques estéticos detrás de una masculinidad rígida y absurda. Un hombre podía ir al gimnasio, beber batidos o someterse a injertos capilares… pero admitir un pinchacito de bótox era una confesión vergonzosa. Hoy, cada vez más hombres hablamos con naturalidad de tratamientos, rellenos o bloqueadores. De cuidarnos. Y sin embargo, la reacción social sigue siendo cruel.
Lo vimos hace unos días........
