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Por qué Netflix tiene sed de Mundial: ¿necesita al fútbol más que las series?

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“Yo no veo la tele, veo Netflix”.  La modernidad, a menudo, es dar la vuelta a la tradición hasta que parezca una excitante novedad. Netflix lo hizo con los aprendizajes de la tele, revolucionándolos al introducir la ansiedad de la vida hiperconectada en las clásicas fórmulas de éxito de la pequeña pantalla. El viejo sueño del directivo televisivo se hacía realidad: la televisión a la carta. Ver los programas y ficciones cómo y cuándo quieras. Sin esperas. Sin interrupciones. En el salón, o en el cuarto de baño. Pero, además, Netflix dio un paso más allá y cambió las reglas de juego: para qué dosificar los capítulos de las series cada siete días cuando puedes permitir devorar toda la temporada de golpe. El público se sentía cuidado por la compañía norteamericana, mientras la tele tradicional española le mareaba con cambios de horario y otros delirios de la contraprogramación.  

Sin embargo, Netflix ya ha pegado el estirón. Se empieza a sentir mayor. Sufre una crisis en cuanto a su oferta de ficción desde que terminó Stranger Things. Desde entonces, no encuentra un buque insignia real y ha estado dando bandazos. Primero, intentando la compra frustrada de Warner Bros Discovery........

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