El vocabulario perdido de los informativos: un problema para la tele (y para la sociedad)
“Es la tercera vez que oigo en un Telediario el uso de «mítico» con el sentido ‘muy reputado, sensacional, extraordinario, célebre, famoso’. Supongo que la edad media de los redactores baja, y lo que es jergal entre ciertas generaciones salta a los informativos con sello de normalidad. Eso es cosmético, pero lo preocupante es el uso de dispararse, catapultarse —o su antónimo desplomarse— para significar ‘aumentar/disminuir’”. Xosé Castro, traductor y divulgador del lenguaje, reflexiona en Twitter sobre una realidad sintomática de nuestro tiempo.
Las redes sociales han acelerado el consumo de la información —y del entretenimiento—, y ese ritmo se ha trasladado a la elaboración televisiva. Tenemos menos paciencia y, en consecuencia, perdemos riqueza de vocabulario por el camino. Todo se abrevia. Palabras incluidas.
Pero la información en los telediarios debe cuidar el lenguaje. Porque la sociedad crece o decrece en cómo usamos nuestro idioma. En tiempos de saturación de impactos audiovisuales, los reportajes solo calan si aportan una mirada propia: por lo que cuentan y por cómo lo cuentan. Antaño escuchabas atento a aquellos reporteros por su capacidad no solo de hablar, sino de narrar.
La prosa de Jesús Hermida, al retransmitir la llegada del hombre a la Luna, atesoraba horas de estudio y escritura previas: no había improvisación vacía. Así no se quedaba en blanco. Igual sucedía con tantas crónicas de corresponsales y periodistas a pie de calle: se los escuchaba más de lo que se les oía. Gracias a su arte para la pedagogía. Esa que huye de abusar de conectores como “Y es que” y de la frase hecha que no aporta, mancha: “Buenos días, por decir algo”, ”Las reacciones no se han hecho esperar", "Dar el pistoletazo de salida", "La desgracia siempre se ceba con los más pobres”, “Polémicas declaraciones”. Fanfarrias, más que información.
El espectador disfrutaba del ejercicio de prestar atención al televisor, pues otorgaba un aliciente a la conversación callejera. Sobre todo cuando se lograba inspirar con un periodismo que era consciente de sí mismo como género literario. No solo aprendíamos con la actualidad: nos contagiábamos y dialogábamos mejor.
Invertir tiempo en un léxico selecto no resta claridad ni cercanía. Sin embargo, ahora la naturalidad se confunde con la charleta de bar. Y no, no es lo mismo. La televisión, si quiere demostrar su valor social —lo que la diferencia de las imágenes de las redes—, debe cuidar la orfebrería audiovisual. Y ahí entra conocer bien las palabras. No debe repetir comodines que sirven para todo hasta devaluar su significado. «Icono». «Mítico». «Icono». «Mítico». Para todo. «Mítico» significa ‘legendario, fantástico o fabuloso’; algo que no se aplica a cualquier personaje que fue viral cinco minutos. La homogeneización siempre es peligrosa. Nuestro pensamiento crítico va mermando a la vez que nuestro diccionario.
