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Hagamos más ‘combites’

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10.03.2026

Para solucionar un problema a veces son suficientes dos papas, tres huevos y un poquito de cilantro. La solución: un ‘combite’ para cocinar una suerte de ensaladilla rusa y darles una sorpresa, sin nada de dinero en el bolsillo, a nuestras mamás en un día de la madre. El lugar: la vereda Corrientes, de San Vicente Ferrer, ese pedacito de tierra donde nacieron mi madre y mis ancestras. Mi edad: 9 años.

Crecí haciendo y participando de ‘combites’ para solucionar toda clase de problemas. Cuando la carretera estaba mala y el carro de escalera no podía pasar, se hacía un ‘combite’ para tapar huecos. Si había una persona enferma, se hacía un ‘combite’ para vender comida, recoger dinero y ayudarle. Si alguien se moría y no había dinero para el funeral y el entierro, se hacía un ‘combite’ para recoger fondos y que el difunto, como le decimos en el campo a nuestros muertos, descansara en paz.

De los ‘combites’ aprendí que la ayuda en colectivo es fundamental para que una comunidad progrese y que, a veces, no es suficiente con sentarse a esperar la solución a un problema porque, si todos sumamos, se pueden encontrar algunas soluciones.

Dejé de hacer ‘combites’ con frecuencia y mi participación se reduce a ayudas monetarias y algunas cocinadas. La vida cambió, ya no voy tanto a Corrientes; pero, hay personas que me recuerdan que esta práctica comunitaria veredal persiste. Mariana Londoño trabaja conmigo, es lideresa en la vereda La Almería, en La Unión, y, cada 15 días, es quien detiene los carros en un pare y siga mientras la comunidad arregla la vía por los estragos que causa sacar la papa de las fincas. “Perla, es que no podemos dejar caer la única carretera que tenemos”, suele decirme.

Tengo vínculos con la vereda Cañaveral en San Carlos y todos los días recibo una lección de vida de sus habitantes. La más reciente es la historia de don Darío Hernández, de la finca 88 quien, además de sufrir una enfermedad que le impide movilizarse, no contaba con acceso desde la carretera hasta su vivienda. En un chat se propuso un ‘combite’ para recoger 80 bultos de cemento, varillas, jornales y pedirle ayuda a la Alcaldía con maquinaria. El resultado: desde el 23 de febrero don Darío tiene unos rieles largos que permiten que los mototaxis lleguen hasta la puerta de su casa.

En El Carmen solemos cocinar cuando una de nuestras amigas de las Escuelas Campesinas de Cocina tiene una necesidad económica, lo hacemos para recoger dinero y ayudarle a sanar un poquito su dolor. Los ‘combites’ se me parecen mucho a la esperanza.

No quiero romantizar la pobreza, porque muchas de estas uniones parten de la necesidad; sin embargo, las ausencias se llevan mejor cuando existe la ayuda colectiva. Por esta razón, veo en ‘los combites’ una práctica que debería preservarse, apoyarse por Alcaldías locales e incluso por la Gobernación. La palabra ‘combite’ porque no es convite aunque el castellano diga que es la forma correcta, es una forma tradicional de trabajo cooperativo y solidario que dicen nació entre los campesinos de Haití para combatir la pobreza y fortalecer los lazos veredales.

Aprendamos de estos grupos informales que, sin mayores pretensiones, solo quieren ayudarse y encontrar soluciones comunes, donde juntos se teja con más fuerza. Como dice la IA a la que le pregunté por los ‘combites’, “En resumen, es solidaridad y trabajo en equipo para el beneficio comunitario”. Hagamos más.


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