Memoria de un parquesito y las grietas que aprendimos a mirar
Memoria de un parquesito y las grietas que aprendimos a mirar
Desde que tengo memoria he vivido en el reparto Caribe. En los parques de la zona aprendí a jugar trompo, balina, fútbol y pelota; una infancia como la que todo niño merece. Alguna que otra trifulca se convertía en el chisme semanal y lo más violento que recuerdo eran los gritos de los jugadores de dominó en las habituales discusiones sobre si Messi era mejor que Cristiano. La droga y los asaltos parecían cosas de novelas mexicanas.
Entonces la calle podía ser aula, estadio o escenario de batalla imaginaria; incluso, por la noche, podía convertirse en un “Escriba y Lea” sobre por qué Martí y Maceo eran “duros”. La ingenuidad se permitía. Cada persona mayor sabía quién era hijo de quién y el llamado de una madre desde un balcón podía ser advertencia de regaño o la satisfacción de la comida lista.
Quizá algunas cosas ya existían y yo, por niño, no las veía. La memoria también selecciona, embellece, protege. Pero sí puedo afirmar que el clima que se respiraba era otro.
Por aquellos tiempos todo parecía simple. Lo agridulce de la vida es que a veces es carretera recta y otras veces se bifurca sin previo aviso.
Primero fueron........
