Fiestas “bonitas”: sonidos ajenos, presupuestos propios
Un pueblo que olvida su música termina cantando historias ajenas. En Colombia, ese olvido no ocurrió por casualidad ni por desgaste natural del tiempo; es una decisión burocrática con absoluta falta de criterio. Resulta desgarrador constatar cómo nos disolvemos en la amnesia colectiva mientras esa burocracia aplaude el saqueo de nuestra memoria. La música andina colombiana, que moldeó el pulso de nuestras montañas y dio cauce a la sensibilidad de generaciones, yace hoy sepultada bajo el peso del desinterés oficial. No estamos ante un fenómeno casual de evolución estética, sino ante las consecuencias deplorables de una ausencia deliberada de políticas culturales capaces de sostener lo que nos pertenece.
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