El secuestro de la camiseta amarilla
Minimizar el daño es el deporte nacional de los victimarios. Es una ley no escrita del cinismo cotidiano: quien comete el agravio es siempre el primero en decretar que la víctima exagera. Lo vemos en la física simple de una obra defectuosa y en la complejidad de nuestra fauna política: «Pero no se ponga así, hombre, si fue solo un rasponazo»; «de eso no se va a morir nadie, es una simple gripa»; «no le pare bolas al asunto, que el golpe solo rayó el capó»; y la lista de eufemismos para anestesiar la culpa es inagotable.
Sin embargo, en el lodazal de nuestro debate público, la patanería ha alcanzado niveles de madurez subterránea. Cuando alguien del bando........
