Cuando ya no se acuerde de nosotros
Hay enfermedades que no llegan de golpe.Llegan despacio. Primero se llevan una fecha. Después un nombre. Una dirección. Una historia. Una conversación que acabamos de tener.
Y un día, casi sin darnos cuenta, se llevan algo que nos parecía imposible perder: el reconocimiento de quienes somos.
El Alzheimer tiene esa crueldad.
Porque puede llegar el momento en que nuestro padre nos mire y no sepa quiénes somos. Que nuestra madre nos pregunte dónde está su hijo cuando ese hijo está sentado justo frente a ella. Que alguien con quien compartimos una vida entera nos mire con la misma ternura con la que miraría a un desconocido.
Y uno siente que algo se rompe por dentro.
Pero quizás ahí empieza otra forma de amar.
Porque cuando la memoria desaparece, ya no podemos pedirle al otro que nos recuerde para sentirnos queridos.
Tenemos que aprender a querer sin ser reconocidos.
Si nos cuenta la misma historia por décima vez, escuchémosla otra vez.
Si pregunta por la misma........
