Después de las elecciones
Las elecciones ya pasaron, hay ganadores y hay perdedores. Algunos celebran la curul alcanzada; otros hacen balances, reflexionan y siguen adelante. Pero mas allá de los resultados, hay algo que vale la pena observar con atención: qué pasa con los candidatos apenas termina la campaña.
Cada elección deja una interminable lista de candidatos que no lograron llegar al Congreso, algunos de ellos desaparecen de la escena pública tan rápido como llegaron. Durante meses hablaron de región, de las necesidades de la gente, de los proyectos que pretendían impulsar; sin embargo, una vez pasan las elecciones, su presencia se desvanece. El interés publico parece haberse agotado junto con los votos.
También hay candidatos que, aun sin lograr una curul, continúan su trabajo social, comunitario y político desde los espacios que estén. Siguen recorriendo los barrios, participando en discusiones de región, acompañando causas ciudadanas y promoviendo iniciativas para mejorar sus territorios. Entienden que la política no empieza ni termina en una campaña electoral.
Es cierto: tener una curul permite una mayor incidencia en las decisiones públicas. Desde el Congreso o desde una corporación se pueden impulsar proyectos de ley, ejercer el control político y representar formalmente a los ciudadanos. Nadie puede negar que ese espacio ofrece herramientas importantes para hacer transformaciones de fondo en la región.
Sin embargo, la incidencia en lo público no depende exclusivamente de un cargo de elección popular. La participación ciudadana, el liderazgo social, el trabajo comunitario y la construcción de opinión con acciones palpables también son formas poderosas de hacer política. Muchos cambios importantes en la historia han comenzado precisamente desde la ciudadania organizada, mucho antes de convertirse en iniciativas institucionales.
Por eso vale la pena observar con atención lo qué ocurre después de las elecciones. Ee en ese momento cuando realmente se pone a prueba la vocación de servicio de quienes aspiraron a representarnos. ¿Su compromiso era con la comunidad o únicamente con la campaña?, ¿Su interés por los problemas del territorio era genuino o simplemente una estrategia electoral?
Tomemos nota. Observemos quienes sin alcanzar una curul siguen presentes, activos aportando, trabajando, haciendo que las cosas realmente pasen, haciendo aportes reales a la región desde donde se encuentren. Pero también recordemos quienes solo de desde una posición cómoda critican y hablan sin muchas acciones o quienes se desaparecen completamente hasta que se acercan nuevas elecciones.
La memoria ciudadana es una herramienta poderosa, y si la usamos bien, en las próximas elecciones podremos tomar decisiones aun más informadas sobre quién merece realmente nuestra confianza. La política no debería ser un ejercicio de cuatro meses de campaña, sino un compromiso permanente con la región.
